Beauty kids: Vloggers de belleza triunfan en internet a corta edad

Los beauty kids o vloggers de belleza infantiles son niños y niñas que a través de sus redes sociales muestran tutoriales de moda y belleza. Hoy reflexionamos sobre este fenómeno social virtual.

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    Beauty kids: Vloggers de belleza triunfan en internet a corta edad

    En las redes sociales como Instagram es común ver vloggers de belleza enseñando tutoriales de maquillaje o cuidado facial y capilar. Pero ahora, hay una nueva generación que llama la atención. Se trata de los ‘beauty kids’, niños y niñas entre 6 y 13 años que conocen a la perfección las mejores técnicas de maquillaje y hablan con soltura delante de la cámara, como el adulto más experimentado. Algunos de estos pequeños expertos en belleza cuentan con más de un millón de suscriptores y sus videos oscilan entre 100 mil y 6 millones de visualizaciones. Los llamados ‘beauty kids’ parece que cosechan más éxito que muchos vloggers adultos, mujeres u hombres, que deciden convertir su hobbie en una profesión. Foto: Instagram / jakewarden

    Hemos consultado a dos expertas en psicología y derecho, Isis Torres, psicóloga de Espacio Liberum y experta de Doctoralia y Marta Macho, especialista en Derecho de Familia y derecho Penal de ABA Abogadas, para intentar comprender por qué está teniendo tanto éxito este fenómeno en las redes sociales, cómo puede influir este tipo de práctica en el desarrollo cognitivo y emocional de estos niños y dónde queda la responsabilidad de los padres, la sociedad y las propias redes sociales ante niños que triunfan en internet a corta edad mostrando cómo maquillarse y vestirse a la moda.

    Preadolescencia temprana en un mundo digitalizado

    La psicóloga Isis Torres explica que el hecho de que preadolescentes y adolescentes usen las redes sociales para expresarse en estas etapas de su vida es algo naturalizado para ellos, ya que Internet y las redes sociales se han convertido en el espacio “perfecto” donde expresarse, encontrar modelos de referencia diferente de los padres y en, definitiva, adentrarse en la “búsqueda de la construcción de la propia identidad”, algo totalmente habitual en esa etapa del crecimiento.

    “Dado que los niños y jóvenes viven en el mundo digital, está claro que parte de su identidad tiene que ver con su identidad digital, en la que “si no te sigue nadie, no existes”, que en ese mundo digital es donde encontrarán sus modelos de referencia relevantes, donde intentarán destacar, pertenecer a un grupo y todo lo demás que hace un adolescente en su vida no virtual”, comenta la psicóloga.

    Actualmente nos encontramos ante un fenómeno de preadolescencia temprana, donde niños de corta edad absorben constantemente “modelos de sociedad que fomentan el consumismo y la hipersexualización de la infancia” a través de la infinidad de medios de comunicación a los que estamos expuestos hoy día: televisión, series, videos en las redes sociales, publicidad…

    Esta exposición visual fomenta que los jóvenes (y en este caso también los niños) sean expuestos como referentes sociales y modelos a seguir en varios ámbitos sociales, como el deporte o la música. Cuando los modelos son positivos, explica la psicóloga, pueden ser beneficiosos para el desarrollo de un niño, pero también pueden llegar a ser perjudiciales.

    Tras la reflexión de Torres nos preguntamos, ¿el ámbito de la belleza y la moda debería ser un referente social para los niños preadolescentes? ¿Cuáles son los referentes sociales que estamos fomentando en un mundo basado en el consumo y las satisfacciones inmediatas?

    El negocio rentable de los beauty kids

    Sophia Grace es una de las beauty kids más famosas de Youtube. Cuenta con más de 2 millones de suscriptores y este video en concreto tiene más de 6 millones de visualizaciones. Cuando nos adentramos en su perfil, vemos que su cuenta está abierta desde septiembre de 2011, es decir, cuando Sophia Grace abrió por primera vez su cuenta era una niña 7 años. A lo largo de todos estos años, ha cosechado una cifra de más de 543 millones de visualizaciones entre todos sus videos. La estrella infantil de las redes sociales ya cuenta con su propia app en iTunes, por lo que imaginamos que lo que comenzó como un juego ahora es un sustento económico real, algo así como los niños que veíamos en la televisión y el cine en las generaciones no nacidas con Internet. Además, cuenta con videos sobre su hermana pequeña y otros tipos de videos donde transmite a su público algunas cuestiones que tienen que ver con su vida preadolescente.

    En el comienzo del video hay una leyenda que explica: “Este video es sólo para diversión. Tengo 13 y no llevo maquillaje todos los días!!!”. Sin embargo, por su técnica de maquillaje, es evidente que la pequeña ha practicado horas y horas para conseguir sus beauty looks, los que se entiende que utiliza al menos en ocasiones especiales.

    Tal vez hoy es más común que hace un par de décadas que niñas y niños preadolescentes se maquillen, pero la verdad sorprende que lo hagan con tanta soltura, lo que nos indica que estos pequeños pasan un buen tiempo de su vida practicando y aprendiendo a maquillarse. Cuando vemos a beauty kids como Sophia Grace con tanta popularidad nos damos cuenta de que su hobbie ya no es tal, sino de que se trata más bien de un trabajo, en el que necesita dedicarle varias horas a la semana, probablemente más de las que imaginamos. Además, nos preguntamos qué tan peligroso puede ser exponer al mundo a niños y niñas de esta manera. No sabemos quiénes son los 6 millones que vieron este video, cómo afectará psicológicamente a estos niños el hecho de tener control y acceso a todo lo referente a su popularidad, ni tampoco cómo se les protege de posibles acosadores y pederastas. Lo único que parece quedar claro es que los beauty kids parece que son un negocio muy rentable.

    Responsabilidad: ¿la hay?

    Parece que no. Marta Macho, especialista en Derecho de Familia y derecho Penal de ABA Abogadas nos explica que aunque contemos con legislación que protege a los menores, el derecho a la intimidad y a la propia imagen, “no hay una regulación específica que sancione o no la publicación o divulgación de imagen, ya sea video o fotografía en Internet y redes sociales”. Hace tiempo que la polémica sobre el control de los contenidos en Internet está servida, sin que lleguemos a acuerdos sociales, legales e internacionales.

    Internet es algo tan diferente a lo que habíamos vivido aquellos que no nacimos con él, que se nos hace difícil comprender cómo forma parte de nuestra sociedad y vida. Marta Macho nos explica que son los progenitores los que deben dar el beneplácito a sus hijos para la publicación y divulgación de los videos de los niños blogger y que éstos son los que “tienen la capacidad de decidir sobre estos temas relacionados con los menores que no tienen capacidad aún para decidir”. Es decir, legalmente, un menor no se considera con capacidad de decisión.

    Pero cuando vemos a los beauty kids actuar de forma tan naturalizada frente a la cámara, cuando los vemos explicar cómo se maquillan o qué tipo de ropa llevan como verdaderos expertos de belleza, no parece que estos niños no tengan capacidad de decisión. Nos preguntamos si no es el momento de comenzar a regular los derechos de los niños desde otras perspectivas, donde sean un poco más libres pero a la vez donde se proteja una infancia inocente, que todos los niños y niñas deberían poder disfrutar.

    Legalmente no hay clara responsabilidad, tal vez hay ciertos límites legales que se pueden atribuir a los padres, pero es claro que nadie se está haciendo cargo de la protección de los niños que ven estos videos ni de los que los hacen. ¿Cuántas horas pasan al día los beauty kids preparando videos? Si ganan dinero con ello ¿es un trabajo? ¿Cómo se les está protegiendo de posibles pederastas? ¿Cuál es la responsabilidad de Youtube u otras redes sociales? ¿Hasta dónde vigilamos los contenidos que nuestros hijos ven en redes sociales? ¿Somos todos responsables del fomento del consumismo y la hipersexualización de la infancia de la que habla la psicóloga Torres? ¿Es la primera vez que esto ocurre o lo habíamos visto antes en la televisión, los dibujos animados, las revistas y la publicidad?

    Pararnos a reflexionar: ¿qué futuro queremos construir?

    Lo mínimo que podríamos hacer es pararnos a reflexionar. Tratar de encontrar nuestras propias respuestas y empezar a actuar en consecuencia con el futuro que le queremos dejar a nuestras generaciones venideras.

    Al igual que nosotras en la redacción de EllaHoy, Isis Torres se muestra preocupada ante este tipo de fenómenos virtuales:

    “Como psicóloga infantil no puedo evitar preguntarme cuánto tiempo pasaran estos chicos en soledad, ante sus smartphones, perfeccionando sus técnicas de maquillaje y contando los seguidores o likes. Me pregunto dónde están y dónde han estado todo ese tiempo sus modelos de referencia sanos, adultos, no virtuales, si es que los tienen, y se que muy probablemente su identidad y su autoestima estará condicionada por el feedback virtual que reciben sobre sus videos, sobre su imagen, sobre sus contenidos. Probablemente crecerán creyendo que su éxito social está vinculado a su imagen, con un concepto desvirtuado de lo que es la intimidad o la privacidad y con parte de su infancia sacrificada por y para su identidad digital. Y probablemente también se convertirán, a su vez, en modelo de referencia para otros niños”

    Torres acepta que generar contenido digital puede incluso ser beneficioso para los niños, ser experiencias positivas de motivación, habilidad e incluso satisfacción personal, siempre y cuando su vida no se centre únicamente en la experiencia virtual y se complemente con interacciones y experiencias sociales presenciales, que fomenten modelos de referencia positivos y que les ayuden a filtrar los mensajes consumistas a los que se enfrentan cada día.

    Quizás estamos equivocadas, pero tal vez una niña o niño preadolescente con otro tipo de modelos de referencia experimentaría con las redes sociales para mostrar sus experimentos científicos, la nueva canción que aprendió a tocar el piano o contar el relato de su personaje histórico favorito. O tal vez, si tuviera otros referentes sociales, ni siquiera sentiría la necesidad de exponerse al mundo.