Apellido de casada: Consejos para decidir si usarlo o no

Adoptar el apellido de casada es una tradición que conviene valorar antes de decidir si dejar de usar el apellido de soltera.

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    Apellido de casada: Consejos para decidir si usarlo o no

    El apellido de casada implica adoptar el apellido del marido tras la boda, una tradición que se mantiene en muchos países como un requisito legal para el matrimonio. Especialmente en aquellos en los que no es obligatorio adoptar el apellido del marido, la mujer debe ser quien valore los motivos para decidir si usarlo o no ya que puede tener sus ventajas y sus inconvenientes.

    Aunque en España la mujer no pierde los apellidos de soltera, sí hay otros países de Latinoamérica, Estados Unidos, Reino Unido, Dinamarca, Turquía o Japón, entre otros, en los que la mujer tras, aunque no pierdan legalmente su apellido, el matrimonio adopta el del marido. ¿Cambiarías tu apellido de soltera?

    Usar el apellido de casada

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    Una tradición que para unos significa un símbolo más de unión entre la pareja, pero para otros es una manera de perpetuar la desigualdad en la familia. Curiosamente un estudio realizado por el Center for Survey Research de la Universidad de Indiana, en Estados Unidos, reveló que 7 de cada diez encuestadas estaban de acuerdo en adoptar el apellido de sus maridos al contraer matrimonio. Aceptación de una tradición que corroboró una encuesta realizada entre 13.000 novias por Top Knot en el año 2013 y que apuntaba que 8 de cada 10 mujeres sigue optando por el apellido de su marido.

    La decisión de adoptar el apellido del marido es una tradición sujeta a la cultura de cada país. Cambiar el apellido de soltera por el de la familia del marido también implica que el apellido de los hijos será directamente el de la familia paterna. En Estados Unidos sí existe la posibilidad de incluir el apellido de la madre como segundo nombre del hijo. En Argentina, por ejemplo, a mujer casada, puede añadir a su apellido el del marido, precedido por la preposición de (María Pérez de García, por ejemplo).

    Una opción es utilizar el apellido del marido en determinadas parcelas de la vida personal y conservar el apellido de soltera a nivel profesional. Esto permitirá cumplir con la tradición pero sin perder la identidad que transmite un apellido.

    No hay que olvidar la parte práctica a la hora de conservar los apellidos, y es que a medida que las mujeres se han ido incorporando al mercado laboral también prefieren mantener su sello personal. Otra posibilidad para conservar el apellido de soltera es convertirlo en el segundo nombre de la mujer.