5 motivos para no seguir la operación bikini

A la hora de adelgazar ni todas las dietas son iguales ni las prisas son buenas. Embarcarse a última hora en la operación bikini puede entrañar sus riesgos.

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    Con la llegada del buen tiempo, y especialmente cuando cambiamos el fondo de armario y sacamos la ropa de temporada, nos entra la preocupación por eliminar esos kilitos de más que hemos ganado sin darnos cuenta a lo largo de los últimos meses. Pero, cuidado, porque no todas las dietas son iguales y, en cuestión de adelgazar, no todo vale. Las prisas, de entrada, no son buenas, y pretender perder peso de manera muy rápida puede tener efectos inesperados. El primero de ello, no conseguir los resultados esperados o recuperar el peso nada más dejar la dieta. La operación bikini como plan de emergencia no siempre es la mejor solución. Te damos 5 motivos para no seguirla.

    1. Riesgo de eliminar alimentos

    Una de las características que suelen tener en común las dietas rápidas y de última hora es que restringen, y en ocasiones mucho, la presencia de determinados alimentos básicos de una alimentación sana, lo que puede repercutir en carencias nutricionales y mayor fatiga, entre otros.

    2. Temido efecto rebote

    La pérdida de peso debe ser gradual, siendo aconsejable combinar dieta y ejercicio físico. Sin embargo, muchas veces recurrimos a las dietas hiperproteícas que, además de reducir el aporte de vitaminas y minerales, favorecen el temido efecto rebote, es decir, recuperar lo perdido nada más dejar la dieta.

    3. Pérdida de líquido, no de grasa

    Cuando nos lanzamos a la operación bikini de última hora la pérdida de peso no es tan real como parece, ya que las dietas demasiado rápidas nos ayudan a eliminar líquidos, pero la pérdida de masa muscular supera a la de grasa.

    4. Aumentar la ansiedad por la comida

    Por mucha voluntad que tengamos, embarcarnos de la noche a la mañana en una dieta demasiado estricta, y que nos promete la pérdida de peso de manera rápida, puede hacernos más difícil controlar el apetito. Al aumentar la ansiedad por comer, corremos más riesgos de no poder controlar la comida (trastornos metabólicos) y desequilibrar la dieta.

    5. Las dietas milagro no existen

    En un mes no podemos conseguir lo que no hemos logrado en los otros once restantes. Es decir, hay que tener cuidado con las dietas que prometen una pérdida de peso en pocas semanas e, incluso, días, porque generalmente suelen ser demasiado hipocalóricas y restrictivas, poniendo en riesgo la salud.