Navidad 2016

Ansiedad por comer: ¿Obsesión, nerviosismo o apatía?

Ansiedad por comer: ¿Obsesión, nerviosismo o apatía?

Ansiedad por comer: ¿Obsesión, nerviosismo o apatía? Las emociones pueden condicionar, y mucho, nuestra dieta. Así, por ejemplo, ciertos estados anímicos nos pueden hacer perder el apetito o, por el contrario, llevar a utilizar la comida como un tranquilizante o una forma de eludir la apatía. Controlar las emociones es posible para evitar que desequilibren nuestra dieta.

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    ansiedad por comer

    Ansiedad por comer: ¿Obsesión, nerviosismo o apatía? Las emociones pueden condicionar, y mucho, nuestra dieta. De hecho, ciertos estados emocionales, como la tristeza o el estrés, afectan directamente al estómago, perdiendo el apetito o comiendo de manera compulsiva. El hambre emocional, a diferencia del fisiológico, aparece a las pocas horas de haber comido y nos hace decantarnos por algún alimento en concreto. Para que nuestro estado de ánimo trastoque lo menos posible una dieta sana y equilibrada, tomemos nota de algunos consejos.


    Comemos por impulso, por estrés e, incluso, por apatía. Lo que comemos y cómo lo comemos –de manera relajada o impulsiva- también puede ser un buen reflejo de nuestro estado anímico. Dejar que las emociones se cuelen en nuestra dieta diaria puede dar al traste con su equilibrio y, en caso de que estemos siguiendo una dieta de adelgazamiento, motivar su abandono o su falta de éxito.

    Ser demasiados exigentes con la comidapuede llevarnos, en un momento de bajo estado anímico, a caer en el picoteo o, directamente, en el atracón. No debemos ser demasiados estrictos con las dietas. De hecho, el picoteo también puede ser saludable, si en lugar de alimentos dulces o ricos en azúcares tomamos una compota natural de manzana o de verdura cruda, alimentos que también sacian. Además de las frutas y verduras, los cereales integrales también son saciantes.

    Detrás de una actitud compulsiva con la comida puede haber un problema de ansiedad. Una actitud que puede llevar a comer sin apenas masticar.

    Unas de las premisas de una dieta sana es que hay que respetar los horarios de las comidas y tratar de que éstas discurran en un ambiente tranquilo y relajado. Es importante dedicarle el tiempo necesario a las comidas, sobre todo, si ciertas circunstancias, como el nerviosismo, nos llevan a recurrir a la comida como tranquilizante. Un consejo, hay que evitar comer de pie, esto solo nos llevará a comer más rápido y a disfrutar menos de la comida. Si le dedicamos tiempo a la planificación de la cesta de la compra y a la preparación de los menús, evitaremos los platos monótonos. La improvisación también nos puede llevar a combinar mal los nutrientes, lo que puede hacer que engordemos más aunque comamos menos.

    Otros estados anímicos, como la apatía y el aburrimiento, también pueden hacernos caer en la tentación de comer productos menos saludables. Realizar más actividades al aire libre nos ayudará no solo a sentirnos mejor, sino a evitar los caprichos menos sanos.


    Un tazón de fruta con frutos secos nos ayudará a frenar el impulso hacia la comida entre horas. El requesón y las hortalizas crudas también son un buen aliado.

    Para los que tienen un perfil más cercano al comedor obsesivo, el mejor aliado son los caprichos ligeros, como requesón con fresas y miel. Si nuestro perfil es el del comedor nervioso, alimentos como una tostada integral con puré de garbanzos y sésamo o un batido de plátano nos ayudarán a comer mejor sin miedo a engordar.

    Y para los comedores apáticos, para superar el desánimo, alimentos con triptófano, como leche, cereales integrales, plátano, soja, frutos secos, queso o dátiles.

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