Navidad 2016

Obesidad: Mitos del exceso de peso

Obesidad: Mitos del exceso de peso

Obesidad: Mitos del exceso de peso. ¿Ingerir menos calorías o practicar más ejercicio físico asegura la pérdida de peso?, ¿marcarse objetivos realistas a la hora de seguir una dieta es el único factor que influye en los resultados?, ¿la lactancia materna protege de la obesidad? Son algunas de las preguntas cuyas respuestas vienen a desmontar o, al menos, a poner en duda algunas de las creencias sobre el exceso de peso e, incluso, sobre los métodos de adelgazamiento que no siempre cuentan con la suficiente base científica.

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    Obesidad: Mitos del exceso de peso. Creencias erróneas que se cuelan casi sin darnos cuenta pero que, a final, deben ser revisadas para abordar de la manera más correcta y eficaz el tratamiento de la obesidad, uno de los problemas sanitarios de primer orden. ¿La lactancia protege de la obesidad?, ¿hacer más ejercicio físico o reducir la ingesta de calorías es sinónimo indiscutible de pérdida de peso?, ¿cuántas calorías se consumen en las relaciones de pareja? Con las respuestas a estas preguntas se ponen sobre la palestra algunas creencias que, quizá, no sean tan tajantes como pensábamos.


    Prácticamente todo lo que se refiere a la salud puede ser objeto de creencias erróneas o, al menos, que no cuentan con la suficiente base científica. Es el caso, por ejemplo, del cáncer, pero también de la obesidad, un problema que preocupa por su cada vez más elevada incidencia en la población –tanto infantil como adulta-. Algunos mitos o creencias erróneas también rodean al exceso de peso u obesidad y también a cómo adelgazar. Mitos que ha recogido la revista científica The New England Journal of Medicine –con datos recopilados por el programa sobre obesidad y nutrición de la Universidad de Alabama- y entre los que incluyen el pensar que reducir el número de calorías o aumentar el gasto energético practicando más ejercicio físico lleva implícito un cambio en el peso. Aunque sí se produce un cierto efecto, los autores consideran que los estudios realizados para aplicar esta ecuación no son lo suficientemente concluyentes ya que se realizaron con un grupo determinado de individuos y solo en un corto periodo de estudio. Bajo esta premisa, añaden, si partimos de una dieta de 3.500 kilocalorías, aumentando el gasto energético en cien kilocalorías diarias –andando más de 1,5 kilómetros-, la pérdida sería de más de 20 kilos en cinco años. Sin embargo, los autores rebajan la cifra total de pérdida de peso a solo 4,5 kilos. Una fórmula, por cierto, que no tiene en cuenta si se produce o no un aumento de calorías en la dieta.

    Otro de los aspectos en los que indagan es en si los objetivos fijados a la hora de adoptar una dieta para perder peso influyen en el resultado final. Aunque fijarse metas realistas es positivo, también lo es ser ambicioso para conseguir mejores resultados.

    Tampoco la mejor disposición o voluntad a la hora de seguir una dieta pueden predecir cuántos kilos se van a perder ni pueden hacer prever la adhesión al régimen o dieta, ya que también influyen otros factores como el metabolismo o la genética. Los autores del artículo también sostienen que bajar peso de manera más rápida o hacerlo de manera más progresiva no implica a largo plazo peores resultados, es decir, volver a recuperar el peso. Seguir una dieta normal y saludable después de una rápida es la mejor manera de mantener los resultados.

    La práctica de ejercicio físico, dentro de la programación escolar (clases de gimnasia) no parece, a tener de los resultados, que esté dando los resultados esperados en la prevención de la obesidad en las etapas infantil y adolescente. Aunque los datos tomados para el artículo corresponden a la población de Estados Unidos, lo cierto es que nuestro país comparte la preocupación por las cifras de prevalencia de obesidad. Entre las propuestas que se han planteado, la de aumentar las horas de gimnasia en las aulas.

    Y una de las creencias que los autores sostienen que no cuenta con suficiente aval científico es la relación entre la lactancia materna y la prevención de la obesidad. Aunque la Organización Mundial de la Salud, OMS, mantiene que dar el pecho previene los riesgos de obesidad o exceso de peso, los autores mantienen que los estudios en los que se basa esta recomendación tienen sesgos. Sin embargo, aunque no se haya confirmado esta relación, lo que sí están constatados son otros muchos beneficios para la salud de la madre y del bebé el dar el pecho.

    Y la última creencia popular que desmontan es la relativa al gasto energético de mantener relaciones de pareja. Aunque se ha llegado a cifrar entre cien y 300, lo cierto es que el gasto energético no supera la veintena de kilocalorías.

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