Obesidad visceral: Técnica para combatir la grasa mala

Obesidad visceral: Técnica para combatir la grasa mala. Suele ser una palabra casi maldita, sobre todo si uno está preocupado por perder esos kilos de más, pero hay grasa buena y grasa mala. Y precisamente, modificar la grasa mala en buena es el objetivo de una nueva técnica que podría cambiar la manera de tratar los problemas de obesidad.

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Obesidad visceral: Técnica para combatir la grasa mala, es decir, la grasa blanca, la responsable de hacer reserva frente a la grasa marrón cuya función es justamente la contraria, quemar calorías. Bajo esta premisa, el objetivo para combatir el aumento de la prevalencia de la obesidad, responsable además de otros trastornos asociados como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares, es convertir esta grasa mala en buena. ¿Cómo? La respuesta nos llega con una novedosa técnica.

La obesidad es uno de los trastornos de salud que más preocupa a los médicos y especialistas, y es que su aumento multiplica los riesgos de otros trastornos asociados. No podemos olvidar que la obesidad es un factor de riesgo de diabetes, hipertensión arterial y de enfermedades cardiovasculares, por lo que su prevención es la mejor manera de ganar en salud y de combatir los síntomas. Una nueva técnica podría ayudar a prevenir y mejorar el tratamiento de los problemas de obesidad visceral. Una técnica cuyo objetivo es convertir la grasa mala en buena. ¿Cómo? Hay dos tipos de grasas, una palabra que suele ser maldita para muchas mujeres, en especial, cuando se ha iniciado una dieta o se preocupa por mantener su peso ideal. Pero no todas las grasas son iguales. Existen grasa buena y grasa mala. Así, la grasa marrón es la que se encarga de consumir energía o quemar calorías, mientras que la grasa blanca la reserva, fundamentalmente en la zona del abdomen. Tal y como insisten médicos y especialistas, precisamente esta acumulación de grasa abdominal nos hace más vulnerables a padecer diabetes y trastornos del corazón.

Bajo esta premisa, el objetivo es que la grasa blanca se transforme en grasa marrón, para lo que se requiere manipular las vías metabólicas que convierten la vitamina A en ácido retinoico. En otras palabras, modificar las características de la grasa blanca. Los retinoides juegan un papel esencial, ya que son las moléculas encargadas, entre otras funciones, de contolar el desarrollar de las células grasas. En el metabolismo de los retinoides entra en juego una enzima, la demominada deshidrogenasa retinaldehído 1 (Aldh1a1, su nombre científico),cuya presencia es mayor en las células de la grasa blanca, sobre todo en la localizado en la zona del abdomen. Al inhibirlas, las células también modifican su conducta y actúan como las de grasa marrón o buena.

Hay que señalar que las últimas investigaciones en este campo vienen de la mano del Programa de Prevención de Enfermedaes Vasculares del Hospital Brigham and Women y la Escuela Médica de Harvard. La importancia de este estudio radica en que puede cambiar la forma de enfocar los tratamientos, partiendo de la base de que la alimentación y la nutrición juegan un papel fundamental. Actualmente, los tratamientos se dirigen a controlar el apetito y a reeducar los hábitos para evitar los kilos de más y la acumulación de grasa. Actuar directamente sobre el metabolismo, modificando el tejido adiposo, abriría las puertas al desarrollo de un potencial fármaco antiobesidad.

Obesidad visceral: Causas y trastornos asociados

La obesidad visceral es la acumulación de grasa en el abdomen, aumentando el volumen de la barriga, por lo que también se la denomina obesidad abdominal y siendo el Indice de Masa Corporal (IMC) su principal marcador (peso dividido por la altura al cuadrado). Un problema estético y de salud, ya que la acumulación de grasa puede provocar, entre otros trastornos, síndrome metabólico. Anque una dieta desequilibrada, con exceso de alimentos ricos en grasas saturadas y azúcares, suele ser la principal causa de la obesidad visceral, también puede ser motivada por una dieta baja en fibra o calcio. La falta de actividad física o sedentarismo también causa obesidad.

Pero, como hemos visto, padecer obesidad nos hace más vulnerables a que nuestra salud se deteriore y contraiga otras enfermedades, como hipertensión o diabetes, entre otras.

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lunes 07/05/2012 escrito por Isabel en , ,

 
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