Liliane Bettencourt: Frases de la mujer más rica del mundo

La hija del fundador de L’Oréal ha muerto a los 94 años. Deja una gran fortuna pero también frases que pasarán a la historia.

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    Liliane Bettencourt: Frases de la mujer más rica del mundo

    La hija del fundador de L’Oréal, Liliane Bettencourt, ha muerto a los 94 años. Tras heredar el imperio de su padre, llegó a convertirse en la mujer más rica del mundo, según la lista que elabora Forbes, con una fortuna de 39.500 millones de dólares. Sin embargo, su herencia va más allá del dinero, porque nos ha dejado frases muy curiosas y anécdotas que seguro que te interesan. Múltiples procesos judiciales salpicaron su figura en los últimos años.

    Liliane Bettencourt, hija del fundador del imperio cosmético L’Oréal y considerada la mujer más rica del mundo por la revista ‘Forbes’, murió a los 94 años, solo superada por tres hombres, en su domicilio, según informó su familia.

    Bettencourt heredó la casa cosmética tras la muerte de su padre, Eugène Schueller, en 1957, pero en los últimos años ha sido más noticia por su deterioro cognitivo —un juez llegó a ponerla bajo tutela de un familiar— y por los procesos abiertos en relación al supuesto aprovechamiento que hicieron de su delicado estado personas de su entorno.

    La mujer más rica del mundo nos ha dejado frases para el recuerdo, que pro supuesto, solo ella, y en su situación, puede decir:

    • “Amistad, gusto por la vida, conocimiento, salud. Diría que estas son las cosas más valiosas”.
    • “Todo lo que no se mide es lo que más importa”

    En un entrevista, Bettencourt discutió el papel que la riqueza pudo haber jugado en sus relaciones personales.

    • “Obviamente, es seguramente más cómodo estar seguro de que eres amado por tu alma”.
    • Ella dijo que cuando a veces se preguntaba si era amada por su dinero, “he sonreído y me dije: ‘Si es más, mucho mejor’”.

    Liliane Bettencourt: Una infancia difícil

    Bettencourt describió su infancia como dominada por un padre severo y adicto al trabajo que se despertaba todos los días a las 4 de la mañana. Cuando cumplió 15 años, fue enviada a una de las fábricas de su padre para pegar etiquetas en botellas de L’Oreal. Después de la muerte de su padre en 1957, Bettencourt confió L’Oreal a su mejor amigo, Francois Dalle, que permaneció director ejecutivo hasta 1984.

    De esta manera se va una mujer con carácter, misteriosa y que logró llevar a su empresa a lo más grande del mundo de los cosméticos pero también de la moda. DEP.