10 razones para no discutir delante de los niños

10 razones para no discutir delante de los niños

Discutir delante de los hijos es algo que, como padres, debemos evitar en la medida de lo posible. Descubre los motivos para no volver a hacerlo.

    ¿Por qué no debemos discutir delante de los niños? Te damos 10 buenas razones para, al menos, intentar que los niños no presencien las discusiones entre los padres, especialmente porque es en estos momentos cuando, de manera casi inconsciente, se puede levantar la voz y decir cosas de las que luego podemos arrepentirnos. El trabajo, el estrés, los compromisos, la escuela, los niños, la vida cotidiana no siempre es fácil de llevar, y esto puede llevar en ocasiones a ser fuente de enfrentamiento. Aunque las discusiones sean livianas y no vayan a más, no podemos olvidar que como padres lo vemos con ojos de adultos, mientras que los más pequeños lo verán desde otro punto de vista. Vamos a ver, por tanto, las razones para tratar de no hacerlo.

    Es mejor evitar las peleas delante de los niños, sobre todo si se producen frecuencia y, si es necesario, retirarse a otra habitación para hablar o intercambiar pareceres. Para los niños, la disputa entre los padres nunca es agradable, generando ansiedad y pudiendo ser causa de una sensación de inseguridad.

    Los niños, por naturaleza, son egocéntricos y por lo tanto todo lo que le sucede les afecta y les hace sentirse culpables. Por esta razón, cuando presencian una disputa familiar se sienten invadidos por fuerte sentimiento de culpa pudiendo creer ser la causa de la misma.

    Durante la infancia, como parte del proceso de aprendizaje, hay que aprender a manejar las emociones. Esto quiere decir que el niño, cuando es testigo de una discusión entre sus padres, puede tomar partido por uno de los dos creyendo que así resolverá el problema. Esto podría dar lugar a discusiones aún más complejas, lo que obviamente es mejor evitar en su presencia.

    Está demostrado que permitir que los hijos sean testigos de manera continuada de discusiones entre los padres puede perjudicar su desarrollo mental y emocional, especialmente en la adolescencia.

    No siempre es fácil saber cómo reaccionará el niño ante la presencia reiterada de disputas entre sus progenitores. Así, una de las consecuencias puede ser que una fuerzas con uno de los dos, con su madre o su padre, asumiendo una posición de poder frente a los adultos. Esto podría desembocar en pequeños chantajes emocionales contra el progenitor más débil al restarle autoridad.

    A la hora de educar a un niño no solo importan las palabras, los hechos son incluso más importantes. De hecho, los niños imitan las conductas de sus mayores, tanto para lo bueno como para lo malo. Nuestra actitud cotidiana y la manera de relacionarnos con los demás determinan en gran medida su carácter. Si el niño se ve obligado a vivir en un clima de tensión, donde los gritos y las discusiones son constante, tenderá a imitar este tipo de actitudes a medida que se haga adulto.

    Algunos niños, en un intento por tranquilizar a los padres, tratan de llamar la atención con actitudes y comportamientos inusuales.

    Las discusiones hay que evitarlas incluso delante de los bebés, porque aunque no entiendan todavía lo que hablan sus padres sí son capaces de percartarse de que algo no va bien por los gestos y actitudes de los adultos. Así que lo mejor es evitar que pase un mal rato.

    Los niños, tal y como hemos señalado, tienen que aprender a interpretar sus emociones. Ser testigo de las discusiones de sus padres podría desencadenar en el niño una reacción tardía, causando problemas en la adolescencia para relacionarse con los demás, como timidez e intimidación .

    Por último, un consejo. En ocasiones es inevitable que los hijos presencien las discusiones o que perciban la tensión entre los padres. Si el daño está hecho, hay que consolar al niño y tratar de explicarle, en un lenguaje y con argumentos adaptados a su edad, que los adultos en ocasiones discuten porque no están de acuerdo con algo y, algunos lo hacen con más vehemencia. Hay que tratar de resolver sus conflictos emocionales y que no sienta culpable.

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