Navidad 2016

9 enfermedades comunes de los recién nacidos

9 enfermedades comunes de los recién nacidos

Los bebés están más desprotegidos contra una serie de patologías, leves en su mayoría y debido sobre todo a que su sistema inmunológico es aún débil.

    9 enfermedades comunes de los recién nacidos

    Es inevitable que los padres, sobre todo los primerizos, se preocupen al menor síntoma de malestar del bebé. Si bien es cierto que cuando se trata de los más pequeños de la casa no hay que subestimar las señales que nos pueden alertar de algún problema de salud, también hay que tener en cuenta que hay una serie de enfermedades muy comunes en los recién nacidos, y que se pueden tratar sin mayores problemas. Estreñimiento, infecciones respiratorias, ictericia o la conocida dermatitis del pañal son algunos de los trastornos a los que son más vulnerables los bebés y recién nacidos y que se pueden tratar sin mayores consecuencias.

    El estreñimiento también es cosas de bebés, y en ello influye desde lo que come a la capacidad de su organismo para digerir los alimentos. La introducción de la alimentación complementaria, a partir de los 6 meses, suele causar estreñimiento hasta que se acostumbra a los nuevos alimentos. Sí conviene estar atentos a algunas señales, como llevar más de tres días sin hacer nada o si la consistencia de las heces aumenta y el niño tiene problemas para su expulsión.

    Al mamar o tomar el biberón, o al beber agua, el bebé puede toser, pero esta tos desaparecerá en cuanto se acostumbre a la rutina de las tomas o biberones. Sin embargo, si la tos persiste, y aparecen otros síntomas como arcadas, conviene consultar al pediatra para descartar que pueda haber un problema digestivo o en los pulmones.

    Todos los bebés lloran, es su manera de comunicar si tienen hambre, sueño o si se sienten mal. Si el bebé ha tomado su biberón, lleva pañal limpio y está en su cunita, pero no deja de llorar, hay que tratar de calmarlo meciéndolo en brazos, pero si persiste en su llanto, conviene llamar al pediatra porque podría tratarse de algún problema de salud.

    Mucosidad, congestión nasal, tos, estornudos y, en ocasiones, unas décimas de fiebre, son los síntomas más comunes del resfriado en los bebés, un trastorno respiratorio muy frecuente debido a que su sistema inmunológico todavía se ha desarrollado por completo. Es un trastorno más común de los meses de otoño e invierno.

    Llanto, irritabilidad y tocarse continuamente los oídos puede ser indicativo de que el bebé tiene infección de oído (otitis, infección generalmente bacteriana), un trastorno muy común en los más pequeños.

    De hecho, los niños son más proclives a este tipo de trastorno que, según datos médicos, afecta a 8 de cada diez niños menores de tres años. Las infecciones de oído son molestas y dolorosas, pudiendo quitar el apetito al bebé.

    La ictericia se puede definir como la tonalidad amarillenta de la piel, cambio que se puede producir en los más pequeños por los niveles elevados de bilirrubina, la cual debe ser eliminada por el hígado. Estamos ante un trastorno común y que suele remitir sin mayores complicaciones, aunque conviene consultar siempre con el pediatra.

    El roce y contacto del pañal -de ahí que también se conozca este trastorno como dermatitis del pañal- puede producir enrojecimiento e irritación de la piel del área del pañal. Inflamación de la piel por las especiales condiciones de humedad, fricción y contacto con orina, heces y otras sustancias que se producen en la zona cubierta por el pañal.

    Cuando las deposiciones se vuelven líquidas, es fundamental controlar que el bebé no se deshidrata. Tener la boca seca es uno de las señales más evidentes. En caso de diarrea hay que consultar al pediatra para determinar la causa que la provoca, si se trata de la alimentación, dificultades para asimilar la leche o un trastorno digestivo.

    El reflujo es un problema muy común en los bebés debido a que el esófago es todavía débil y eso puede hacer que devuelva parte de la leche (materna o de fórmula) nada más ingerirla. En estos casos, conviene colocarlo al terminar de mamar en posición vertical, evitar moverlo demasiado y ayudarle a expulsar los gases. Si la situación persiste, consultar al pediatra.

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