Cómo enseñar a los niños a no sentirse frustrados

Cómo enseñar a los niños a no sentirse frustrados

Educar a los niños en la tolerancia a la frustración es vital para su desarrollo emocional

por en Consejos prácticos para mamás, Educación de los hijos, Mamá
Última actualización:
    Cómo enseñar a los niños a no sentirse frustrados

    Marcar límites, dejar que comentan sus propios errores y que aprendan de ellos y ayudarles a desarrollar su creatividad, son puntos clave para enseñar a los niños a no sentirse frustrados y a saber controlar y expresar sus emociones. Los modelos educativos sobreprotectores y la permisividad en exceso, pueden empeorar las frustraciones de los más pequeños de la casa. En EllaHoy te lo contamos.

    ¿Tu hijo se enfada cuándo le dices que es la hora de dejar los dibujos? ¿Se enoja cuándo no le compras el juguete que quiere? ¿Habla con malas palabras y tira las cosas al suelo si algo no le sale bien? Todos los padres quieren los mejor para su hijos, por eso en muchas ocasiones poner límites y decir “no” resulta tan complicado. Vivimos en una sociedad que crece y cambia constantemente, por lo que los niños no suelen valorar el esfuerzo que implica aprender mediante la técnica de ensayo y error y, a veces, los padres tampoco. Desarrollar la tolerancia a la frustración durante la infancia en algo vital para que se conviertan en adultos responsables, la vida les va a decir muchas veces que “no” a lo que ellos quieren, así que mejor empezar a manejar y entender esos sentimientos desde pequeños.

    ¿Qué es la tolerancia a la frustración?

    La tolerancia a la frustración significa entender que en la vida las cosas no siempre salen como uno quieren. Se trata de evitar que esa agresividad que se produce ante un hecho que no se da como queremos, salga a la luz. No se trata de dejar de mostrar lo que sentimos, sino de aprender a expresar esas emociones con palabras y no con violencia, (seguro que tu pequeño en alguna ocasión lanza su juguete contra el suelo cuando está disgustado por algo) y se trata también de aprender de la situación que ha generado la frustración para lograr las metas de otra forma. Tarea que no es sencilla y menos para ellos, para los más pequeños.

    Beneficios de la tolerancia a la frustración

    La tolerancia a la frustración tiene numerosos beneficios: los niños aprenden a valorar lo que tienen, a compartir con los demás y a ser pacientes. La autoestima y la valentía ante los fracasos se ven enormemente respaldados así como su capacidad para salir de situaciones adversas en la vida adulta. Un niño flexible y tolerante será un adulto emocionalmente equilibrado capaz de expresar sus sentimientos.

    Problemas de la intolerancia a la frustración

    Ansiedad, irritabilidad e irá son algunas de las principales consecuencias de los niños que crecen sin aprender a tolerar sus frustraciones. Todo ello sumado a los cambios de conducta, los problemas en el patrón de comportamiento y el nerviosismo ante situaciones que saben que no van a salir bien.

    Primero de todo, hay que poner límites y cumplirlos. “No” significa “no” y los castigos, siempre puestos de manera racional y proporcionada, deben ser cumplidos. Hay que encontrar el punto medio entre ser demasiado permisivos y ser sobreprotectores.

    Respetar los tiempos de cada niño, cada uno aprende a su ritmo y muchas veces ayuda más el diálogo y los abrazos que las palabras duras dichas desde la posición de padres autoritarios. Si tu hijo llora por algo que no le ha salido, haz que se calme demostrándole cariño, de esta forma la explicación que le des una vez que se le haya pasado la rabieta, la entenderá mucho mejor. Si el niño está en plena rabieta, lo mejor es estar a su lado y esperar a que se le pase, si intentas dialogar con él en esos momentos, será en vano, ya que su cerebro está ocupado en desahogar esos sentimientos que siente.

    Enseñarle a que pida ayuda, una gran solución ante los sentimientos que provocan la frustración, y hablar con ellos y preguntarles qué ha pasado para que se expresen y se pueda resolver el conflicto.

    Ser padres modelos, y eso quiere decir que si somos nosotros los que nos hemos equivocado, también podemos pedir perdón. Compartir, pasar tiempo con ellos y decir frases tipo “no me ha salido, pero no pasa nada, lo voy a intentar otra vez” pueden dar un resultado sorprendente.

    También te puede interesar: Tareas domésticas y niños: Beneficios emocionales y sociales y Errores comunes en la crianza de los hijos

    898

    ESCRITO POR PUBLICADO EN Consejos prácticos para mamásEducación de los hijosMamá
     
     
     
     
     
     
    Más populares