Correas para los niños: Posibles riesgos

Las correas para los niños pueden conllevar algunos riesgos que como padres no debemos subestimar. Descúbrelos para un correcto uso.

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    Correas para los niños: Posibles riesgos

    Las correas para los niños son un complemento de seguridad, pensado para que los padres puedan controlar al pequeño. Las correas o arnés son aconsejables en momentos puntuales, como por ejemplo cuando acudimos con el niño a espacios concurridos o cuando empiezan a andar y al salir de paseo quieren explorarlo todo.

    Las correas para que los niños no se pierdan no solo generan opiniones encontradas, sino que su uso puede conllevar algunos riesgos que, como padres, conviene tener en cuenta. Antes e elegir entre los distintos modelos y sistemas de sujeción, para niños de entre 1 y 3 años, hay que valorar sus ventajas y desventajas.

    Correa para niños, ¿si o no?

    Para algunos padres usar la correa de mano para niños es sinónimo de seguridad y protección para los hijos, además de comodidad a la hora de evitar perder de vista a los más pequeños. Así, por ejemplo, las correas con arnés o sin arnés evitan agobios y problemas como que el niño cruce corriendo la calle cuando vas cargada con la compra o que se escape cuando no puedas ir detrás de él.

    Para otros, esta técnica puede ser malinterpretada por el niño, sobre todo si lo percibe como un castigo que limita su libertad para moverse.

    Riesgos de las correas para niños

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    Recurrir de manera continua a las correas para niños puede esconder en realidad la dificultad del padre o madre para establecer unas reglas, corriendo el riesgo de transmitir que se utiliza como una medida de disciplina.

    La finalidad de este sistema es que el niño se aleje sin que el padre o la madre se percate, no guiar sus pasos tirando de la correa. No debemos caer en el error de limitar sus movimientos, por lo que debemos atender sus peticiones cuando quiera ver algo o ir en una dirección determinada.

    La correa de mano para niños no debe ser el sustituto del diálogo para enseñarles a comportarse y para tener en cuenta su opinión. Por ejemplo, ir con la correa con la calle puede hacer sentir mal al niño si no le damos ninguna explicación.

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