Navidad 2016

Educar sin castigar: Alternativas más efectivas

Educar sin castigar: Alternativas más efectivas

Olvídate de los castigos con el método alternativo que te proponemos. ¡Es mucho más efectivo y tu hijo será más feliz!

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    Educar sin castigar: Alternativas más efectivas

    Los niños pequeños todavía no son conscientes de todas las cosas que deben hacer y las que no, por lo que debemos marcarles unos límites desde que son pequeños. Una de las opciones más recurridas es castigar, provocando la correspondiente llantera que origina esta palabra. Pero cuando no lo hacemos correctamente no sólo deja de surtir efecto, sino que además las consecuencias se tornan negativas. Te contamos cómo educar sin castigar poniendo en práctica las alternativas más efectivas.

    Como madres es fundamental que indiques a tu hijo qué es lo correcto y lo que no, porque de otro modo nunca aprenderá qué es lo que debe hacer. Recuerda siempre que se trata de un niño y habrá cosas que no aprenda o no logre entender, por lo que cuando haga algo mal lo peor que puedes hacer es perder los nervios o gritarle. Trata de decirle lo que ha hecho mal utilizando la empatía y un tono sentimental, de modo que pueda entender que lo que acaba de hacer te pone triste.

    A veces quieren hacer algo por simple capricho o experimentación, pero se debe a que no conocen las consecuencias. Tú misma puedes mostrársela a través de los demás, explicándole que cuando un niño es reñido es porque no ha hecho caso a sus papás. Se trata de un método de aprendizaje llamado aprendizaje vicario, y facilita que las personas aprendamos sin necesidad de pasar por la experiencia.

    Es muy importante mantener un buen clima de comunicación con nuestro hijo y permitirle cierta libertad para experimentar para conseguir que nuestro pequeño sea realmente feliz. Está claro que algunas cosas no va a poder hacerlas, pero puedes dejar que aprendan por sí mismos qué ocurre cuando hacen algo sobre lo que mamá o papá les ha advertido. Por supuesto, debe ser algo que no tenga ningún tipo de peligro, como por ejemplo dejarlo jugar en el parque hasta que se ensucie habiéndole dicho de antemano que llevara cuidado.

    Esto le ayudará a tener en cuenta lo que le dices y a desarrollar su sentido de la responsabilidad.

    Lo contrario de castigar un acto malo, es premiar uno bueno. Trata de ofrecer algún tipo de recompensa cuando tu hijo haga algo bien, especialmente las primeras veces. Pero eso sí, al hablar de premio no nos referimos únicamente a lo material como puede ser un juguete nuevo o una golosina, sino también a una sonrisa, un abrazo o un “¡qué bonito! ¿eso lo has hecho tú?”.

    Obviamente, siempre habrá momentos en los que tendrás que regañar a tu hijo cuando ha hecho algo mal. Es justo entonces cuando romperá a llorar o tendrá una rabieta. Lo mejor en estos casos es distraerlo de la regañina, que es lo que el pequeño tiene en mente. Si los padres contamos con una ventaja es la facilidad de distracción de los pequeños, especialmente en sus primeros años. ¡Aprovéchate de ello para evitar los desagradables castigos!

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