El fenómeno del StillBirth: consecuencias psicológicas y cómo afrontarlo

El fenómeno del StillBirth: consecuencias psicológicas y cómo afrontarlo

StillBirth es el término inglés para definir la muerte perinatal. ¿Cuáles son sus causas?, ¿cómo afrontarlo?

    ¿Qué es el fenómeno StillBirth? Es el término inglés con el que se define la muerte fetal en el útero materno, en el parto o a los pocos días de nacer y que, según datos de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, SEGO, en nuestro país se sitúa en 8,3 por cada 1.000 nacimientos. La muerte perinatal está generalmente relacionada con dificultades durante el embarazo, como complicaciones con la placenta (cuya función, entre otras, es proporcionar sangre y nutrientes al feto) o parto prematuro, produciéndose a partir de la semana 24 de gestación.

    Aunque los avances en ginecología y obstetricia (como la exploración ecográfica) permiten un mayor control de la gestación y del parto, lo cierto es que sigue siendo un fenómeno que, aunque afortunadamente en porcentajes muy pequeños, está presente. Según diversos estudios publicados por la revista Journal of the American Medical Association una o más complicaciones durante el embarazo pueden estar detrás del denominado fenómeno del StillBirth. Las infecciones, anomalías fetales o problemas con el cordón umbilical también pueden aumentar los riesgos.

    Los especialistas en ginecología también advierten de otro factor de riesgo añadido, y es la edad de maternidad, la cual como constatan las encuestas se sigue retrasando.

    Retrasar la edad del primer embarazo no solo reduce las posibilidad (la reserva ovárica se reduce), sino que también se incrementa las posibilidades de embarazos múltiples. Un embarazo a una edad tardía conlleva más riesgos para la madre y para el futuro bebé.

    Lógicamente, la pérdida del bebé conlleva un torbellino de emociones y una reacción lógica de duelo. La muerte perinatal se manifiesta físicamente (alteraciones del sueño, pérdida de apetito, dolor de cabeza, opresión en el pecho y garganta, palpitaciones) y emocionalmente (desamparo, tristeza, culpa, desesperación, irritabilidad, sensación de vacío). Es importante que los progenitores cuenten con el apoyo de los profesionales sanitarios para enfrentarse a la situación y canalizar el dolor, ya que de lo contrario pueden aumentar los riesgos de derivar en un trastorno psiquiátrico. En otras palabras, los padres deben contar con apoyos para evitar sufrir la pérdida en soledad.

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