Epidural en el parto: en qué consiste y cuándo se pone

La epidural en el parto es una decisión voluntaria de la madre, por lo que conviene saber bien en qué consiste.

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    Epidural en el parto: en qué consiste y cuándo se pone

    La anestesia o analgesia epidural es una técnica segura y eficaz para reducir los dolores del parto. De hecho, según datos médicos, entre un 70-80% de las mujeres solicitan la anestesia epidural en el momento del parto, tan esperado como temido, especialmente por las madres primerizas. ¿En qué consiste realmente esta anestesia?, ¿en qué momento se administra?, ¿cómo se pone?

    El parto se divide en tres etapas: periodo de dilatación, periodo expulsivo y periodo de alumbramiento. La primera etapa comienza con el inicio del parto y termina con la dilatación completa. El dolor y las molestias naturales que acompañan al nacimiento del bebé pueden llegar a ser muy agudas, molestias que pueden ser mitigadas con la anestesia epidural. Una técnica que se administra en los centros hospitalarios de nuestro país desde hace más de 15 y que se ha convertido en la más demandada por las mujeres.

    En qué consiste

    La anestesia epidural es una técnica invasiva, ya que se tiene que poner en una zona muy concreta de la médula espinal para que el fármaco sea efectivo. En concreto, se realiza una punción con una inyección o un catéter de calibre muy pequeño desde la zona exterior y se administra el medicamento. Al administrarlo en la médula espinal se bloquean los estímulos dolorosos antes de que lleguen al cerebro. La anestesia epidural alivia el dolor durante el trabajo de parto y el momento del alumbramiento.

    La administración de la epidural es una decisión de la madre. Para reducir los dolores hay otras técnicas, como realizar un masaje perineal, andar o tumbarse en una posición más confortable. Pero no todos los dolores del parto son de la misma intensidad, por lo que depende de la capacidad de la futura madre para soportarlos el recurrir o no a la anestesia epidural.

    Cuándo se pone

    La epidural se administra generalmente cuando ya han empezado las contracciones y éstas son intensas y largas, así como cuando el cuello del útero ya ha dilatado por encima de los 2-3 centímetros. No obstante, el momento varía de una mujer a otra, al igual que la intensidad o el nivel de umbral de dolor. El analgésico, en concreto, se administra en el espacio que hay entre las dos vértebras de la región lumbar (en la zona baja de la espalda), previa preparación de la zona. En esta zona se aplica previamente una anestésico local para que la punción resulte menos dolorosa. Utilizando una aguja especial, el anestesista localiza el espacio epidural donde dejará posteriormente un catéter (tubo fino de plástico) a través del cual se va administrando la medicación que alivia el dolor.

    El efecto de la anestesia aparece de forma progresiva, alcanzando el nivel definitivo a los pocos minutos de administrar la medicación. En algunos casos el dolor se alivia y en otros las contracciones se vuelven más soportables. Por otro lado, la duración del efecto de la anestesia se mantiene tanto tiempo como se necesita. Una vez finalizado el parto se retira el catéter provisional que ha estado fijado en la espalda y las sensaciones normales reaparecerán al cabo de unas pocas horas.

    Cuándo no debe ponerse

    Aunque la epidural está reconocida como un método seguro y eficaz, sí hay ocasiones en las que el médico aconseja que no se ponga. Se trata de los casos en los que sí puede suponer un riesgo tanto para la madre como para el futuro bebé. En concreto, cuando la madre tiene una infección en la zona lumbar (zona en la que hay que poner la inyección), cuando es alérgica a determinados medicamentos (opiáceos o anestésicos locales), cuando la madre tiene un historial clínico de problemas de corazón o cuando hay tatuajes en la zona lumbar (parte de la tinta puede ser arrastrada hasta la zona de la médula).

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