Navidad 2016

Fiebre reumática: ¿Es grave?, ¿se puede prevenir?

Fiebre reumática: ¿Es grave?, ¿se puede prevenir?

Fiebre reumática: ¿Es grave?, ¿se puede prevenir? Puede ser grave si no se diagnostica y trata a tiempo, ya que además de afectar a las articulaciones puede provocar daños en otros órganos como el corazón. La fiebre es una señal de que algo no va bien en nuestro organismo, y en este caso la fiebre reumática viene precedida de una infección de garganta. A las pocas semanas, si no se ha diagnosticado o tratado adecuadamente, puede aparecer la fiebre reumática.

    Fiebre reumática: ¿Es grave?, ¿se puede prevenir?

    Fiebre reumática: ¿Es grave?, ¿Se puede prevenir? Reumatismo agudo, de la familia de la artritis reactiva, que se caracteriza por la inflamación y que puede afectar a las articulaciones, al tejido subcutáneao, a la piel, al sistema nervioso o al corazón. Una enfermedad que suele afectar a los más jóvenes, entre los 5 y los 15 años, siendo muy poco frecuente antes y después de los 40. Cursa además con fiebre. No es una enfermedad contagiosa, pero sí lo es la bacteria que provoca la infección de garganta (faringitis, amigdalitis) y que suele ser el desencadenante de la fiebre reumática.


    La fiebre es un mecanismo de defensa y una señal de que algo no marcha bien en nuestro organismo. La fiebre es, precisamente, uno de los síntomas más frecuentes de una enfermedad que, en algunos casos, si no se diagnostica y trata a tiempo puede provocar daños en la salud de nuestro corazón, en concreto en las válvulas. Y es que la fiebre reumática es un trastorno agudo caracterizado por una inflamación que afecta al sistema cardiovacular, nervioso, ostoarticular y a la piel. Aparece a las pocas semanas de haber padecido una infección estreptocócica de garganta y que no ha sido diagnosticada o no se ha tratado adecuadamente. Es decir, la infección faríngea precede a la enfermedad reumática. Pero no es la bacteria la responsable de los daños o efectos adversos de la fiebre reumática, sino las propias defensas que activa nuestro organismo para combatirla y que también afectan a determinados tejidos de los órganos del cuerpo.


    El dolor, enrojecimiento, tumefacción y la hinchazón de las articulaciones (rodillas, muñecas, codos, cadera) son sus síntomas principales, acompañados de episodios de fiebre. Aunque su nombre provie de de la implicación de las articulaciones, lo cierto es que los daños más importantes se pueden producir en el corazón, órgano que se puede ver afectado con la aparición de soplos por lesión de las válvulas, miocarditis o pericarditis.

    La inflamación y sus síntomas pueden durar en torno a dos semanas, pero si no se trata el problema pasará a otra articulación. Además, la fiebre reumática también provocar alteraciones en la piel, con la aparición de manchas rosadas o, en el caso de los más pequeños, de unos nódulos pequeños debajo de la piel y que se adhieren a los tendones.

    Otros síntomas que también pueden aparecer son fatiga, pérdida de apetito, cansancio , malestar general y dolor abdominal. La respiración jadeante puede ser una señal de daños en el corazón. Aunque es menos frecuente, también puede darse un trastorno denominado corea menor, caracterizado por los movimientos involuntarios y desordenados (muecas, por ejemplo), debilidad de brazos y piernas y problemas de atención.
    En el caso de la fiebre, sobre todo en los casos de niños más pequeños, es muy importante controlarla porque puede subir mucho, de forma súbita y provocarles convulsiones febriles. Durante la infancia la fiebre es frecuente, debido a la todavía inmadurez del sistema inmunitario, y su causa principal suelen ser las infecciones.


    Además de reposo absoluto, el tratamiento suele incluyer la prescripción de antiinflamatorios y una inyección de penicilina retardada para tratar la infección por estrectoco beta hemolítico o, en el caso de alergia, con antibióticos.

    Prevenir las infecciones de garganta causadas por esta bacteria es la mejor forma de prevenir la fiebre reumática, cuya presencia suele venir acompañada de fiebre superior a los 38, placas blanquecinas en la garganta del paciente y ganglios inflamados.

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