Poesías para niños pequeños: Las más bonitas

Poesías para niños pequeños: Las más bonitas

La poesía no conoce edad, por eso el ritmo de sus versos invita a ser leídos a los más pequeños. Si te gusta la poesía, y quieres transmitir esa pasión a tus hijos desde que son pequeños, aquí tienes los versos más bonitos.

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    Poesía de la mano de grandes maestros de las letras que, en algún momento o a lo largo de su trayectoria literaria, su creatividad se centró en los más pequeños. Ellos, los niños, son los protagonistas de estos versos que hemos recopilado. Poesías que invitan a los padres a redescubrir la infancia y a los niños a descubrir la fuerza que encierran las palabras. Poesías que encierran los significados y las reflexiones más profundas, hasta las metáforas más despreocupadas. Vamos a ver, a continuación, algunas de las poesías sobre los niños que no debe perderse.

    Yo escucho los cantos
    de viejas cadencias,
    que los niños cantan
    cuando en coro juegan,
    y vierten en coro
    sus almas que sueñan,
    cual vierten sus aguas
    las fuentes de piedra:
    con monotonías
    de risas eternas,
    que no son alegres,
    con lágrimas viejas,
    que no son amargas
    y dicen tristezas,
    tristezas de amores
    de antiguas leyendas.
    En los labios niños,
    las canciones llevan
    confusa la historia
    y clara la pena;
    como clara el agua
    lleva su conseja
    de viejos amores,
    que nunca se cuentan.
    Jugando, a la sombra
    de una plaza vieja,
    los niños cantaban…
    La fuente de piedra
    vertía su eterno
    cristal de leyenda.
    Cantaban los niños
    canciones ingenuas,
    de un algo que pasa
    y que nunca llega:
    la historia confusa
    y clara la pena.
    Seguía su cuento
    la fuente serena;
    borrada la historia,
    contaba la pena.

    ¡Qué feliz eres, niño, sentado en el polvo,
    divirtiéndote toda la mañana con una ramita rota!
    Sonrío al verte jugar con este trocito de madera.
    Estoy ocupado haciendo cuentas,
    y me paso horas y horas sumando cifras.
    Tal vez me miras con el rabillo del ojo y piensas:
    «¡Qué necesidad perder la tarde con un juego como ese!»

    Niño, los bastones y las tortas de barro
    ya no me divierten; he olvidado tu arte.

    Persigo entretenimientos costosos
    y amontono oro y plata.
    Tú juegas con el corazón alegre con todo cuanto encuentras.
    Yo dedico mis fuerzas y mi tiempo
    a la conquista de cosas que nunca podré obtener.
    En mi frágil esquife pretendo cruzar el mar de la ambición,
    y llego a olvidar que también mi tarbajo es sólo un juego.

    Tus hijos no son tus hijos,
    son hijos e hijas de la vida
    deseosa de sí misma.
    No vienen de ti, sino a través de ti,
    y aunque estén contigo,
    no te pertenecen.
    puedes darles tu amor,
    pero no tus pensamientos, pues,
    ellos tiene sus propios pensamientos.
    Puedes abrigar sus cuerpos,
    pero no sus almas, porque ellas
    viven en la casa de mañana,
    que no puedes visitar,
    ni siquiera en sueños.
    Puedes esforzarte en ser como ellos,
    pero no procures hacerlos
    semejantes a ti
    porque la vida no retrocede
    ni se detiene en el ayer.
    Tú eres el arco del cual tus hijos,
    como flechas vivas son lanzados.
    Deja que la inclinación,
    en tu mano de arquero
    sea para la felicidad
    Pues aunque Él ama
    la flecha que vuela,
    Ama de igual modo al arco estable.

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    ESCRITO POR PUBLICADO EN Actividades para niñosMamáConsejos Bebéspoesías para niños Última actualización: Jueves 02/06/2016 07:17
     
     
     
     
     
     
     
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