Poesías para niños pequeños: Las más bonitas

La poesía no conoce edad, por eso el ritmo de sus versos invita a ser leídos a los más pequeños. Si te gusta la poesía, y quieres transmitir esa pasión a tus hijos desde que son pequeños, aquí tienes los versos más bonitos.

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    Poesías para niños pequeños: Las más bonitas

    Poesía de la mano de grandes maestros de las letras que, en algún momento o a lo largo de su trayectoria literaria, su creatividad se centró en los más pequeños. Ellos, los niños, son los protagonistas de estos versos que hemos recopilado. Poesías que invitan a los padres a redescubrir la infancia y a los niños a descubrir la fuerza que encierran las palabras. Poesías que encierran los significados y las reflexiones más profundas, hasta las metáforas más despreocupadas. Vamos a ver, a continuación, algunas de las poesías sobre los niños que no debe perderse.

    Yo escucho los cantos, de Antonio Machado

    Yo escucho los cantos

    de viejas cadencias,

    que los niños cantan

    cuando en coro juegan,

    y vierten en coro

    sus almas que sueñan,

    cual vierten sus aguas

    las fuentes de piedra:

    con monotonías

    de risas eternas,

    que no son alegres,

    con lágrimas viejas,

    que no son amargas

    y dicen tristezas,

    tristezas de amores

    de antiguas leyendas.

    En los labios niños,

    las canciones llevan

    confusa la historia

    y clara la pena;

    como clara el agua

    lleva su conseja

    de viejos amores,

    que nunca se cuentan.

    Jugando, a la sombra

    de una plaza vieja,

    los niños cantaban…

    La fuente de piedra

    vertía su eterno

    cristal de leyenda.

    Cantaban los niños

    canciones ingenuas,

    de un algo que pasa

    y que nunca llega:

    la historia confusa

    y clara la pena.

    Seguía su cuento

    la fuente serena;

    borrada la historia,

    contaba la pena.

    Juguetes, de Rabindranath Tagore

    ¡Qué feliz eres, niño, sentado en el polvo,

    divirtiéndote toda la mañana con una ramita rota!

    Sonrío al verte jugar con este trocito de madera.

    Estoy ocupado haciendo cuentas,

    y me paso horas y horas sumando cifras.

    Tal vez me miras con el rabillo del ojo y piensas:

    «¡Qué necesidad perder la tarde con un juego como ese!»

    Niño, los bastones y las tortas de barro

    ya no me divierten; he olvidado tu arte.

    Persigo entretenimientos costosos

    y amontono oro y plata.

    Tú juegas con el corazón alegre con todo cuanto encuentras.

    Yo dedico mis fuerzas y mi tiempo

    a la conquista de cosas que nunca podré obtener.

    En mi frágil esquife pretendo cruzar el mar de la ambición,

    y llego a olvidar que también mi tarbajo es sólo un juego.

    Sus hijos, de Khalil Gibran

    Tus hijos no son tus hijos,

    son hijos e hijas de la vida

    deseosa de sí misma.

    No vienen de ti, sino a través de ti,

    y aunque estén contigo,

    no te pertenecen.

    puedes darles tu amor,

    pero no tus pensamientos, pues,

    ellos tiene sus propios pensamientos.

    Puedes abrigar sus cuerpos,

    pero no sus almas, porque ellas

    viven en la casa de mañana,

    que no puedes visitar,

    ni siquiera en sueños.

    Puedes esforzarte en ser como ellos,

    pero no procures hacerlos

    semejantes a ti

    porque la vida no retrocede

    ni se detiene en el ayer.

    Tú eres el arco del cual tus hijos,

    como flechas vivas son lanzados.

    Deja que la inclinación,

    en tu mano de arquero

    sea para la felicidad

    Pues aunque Él ama

    la flecha que vuela,

    Ama de igual modo al arco estable.

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