Navidad 2016

Poesías sobre el recién nacido: Las más bonitas

Poesías sobre el recién nacido: Las más bonitas

Versos que resumen la inmensa alegría que supone recibir al recién nacido. Algunos de los poetas más destacados del mundo de las letras han escrito lindos versos con los más pequeños como protagonistas. Es hora de poesía, es hora de leer algunos de los poemas más bonitos.

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    Poesías sobre el recién nacido: Las más bonitas

    La poesía rezuma sentimiento. Y qué mejor manera, que acompasar el sentimiento de alegría por el nacimiento de un niño, con una combinación maestra de palabras. Grandes poetas de la historia de la literatura han escrito sobre un momento tan especial, como la llegada de un recién nacido. Palabras únicas, con dulces sonidos y llenas de emociones, que solo los grandes maestros podían trasladar al papel. Juego de rimas y versos llenos de sentimientos y emociones. A continuación, trascribimos algunos de los poemas más bonitos sobre los niños.

    ¿De dónde venía yo cuando me encontraste?,preguntó el niño a su madre.
    Ella, entre risas y lágrimas,apretó al niño contra su pecho y le respondió:
    Estabas oculto en mi corazón como un deseo, vida mía.
    Estabas entre las muñecas con las que jugaba cuando era niña.
    Has vivido en mi vida y en la de mi madre.
    Durante muchos años, has sido acunado en el regazo
    del Espíritu eterno que rige nuestra casa.
    Cuando en mi adolescencia abría mi corazón sus pétalos,
    en él flotabas tú como un hálito perfumado.

    Tu tierna suavidad floreció en mi cuerpo
    como el resplandor rojo del cielo que anuncia el amanecer.
    Primer amor del cielo, que tienes de hermana gemela a la luz del alba,
    has bajado al río de la vida del mundo
    y te has quedado al fin sobre mi corazón.
    ¡Tú, que eras antes de todos, eres ahora sólo mío!
    ¿Qué mágico poder ha puesto en mis débiles brazos el tesoro del mundo?

    Niebla sin luz…,
    y luz entre la niebla,
    emergiendo en forma subrepticia;
    existencia que brota -como gema-
    del milagro que engendra una caricia.
    El seno fecundado pone a prueba
    la caricia,
    que en feto se perfila…,
    y se transmuta en lámpara votiva
    en el instante en que la hora llega!

    Ya te vemos dormida.
    Tu barca es de madera por la orilla.

    Blanca princesa de nunca.
    ¡Duerme por la noche oscura!
    Cuerpo y tierra de nieve.
    Duerme por el alba, ¡duerme!

    Ya te alejas dormida.
    ¡Tu barca es bruma, sueño, por la orilla!

    Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
    todos la pierden y te echan la culpa;
    si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
    pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
    si puedes esperar y no cansarte de la espera,
    o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
    o siendo odiado no dar cabida al odio,
    y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduria…

    Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
    si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
    si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)
    y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
    si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
    tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
    o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
    y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…

    Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
    y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
    y perder, y comenzar de nuevo por el principio
    y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
    y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
    a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
    excepto La Voluntad que les dice ¡continuad!

    Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
    o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
    si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
    si todos los hombres cuenta contigo pero ninguno demasiado;
    si puedes emplear el inexorable minuto
    recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
    tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
    y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.

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