Síndrome de los padres exigentes: Consecuencias para los niños

Exigir en exceso a los más pequeños es perjudicial para su desarrollo físico y psíquico, en EllaHoy te lo contamos

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    Síndrome de los padres exigentes: Consecuencias para los niños

    ¿Está bien presionar a los niños para que sean los mejores en todo? ¿Ser padres exigentes compensa? ¿Crecen adecuadamente los niños que están bajo presión? Los expertos aconsejan que hay que darles un respiro de vez en cuando para evitar que se saturen. En EllaHoy te contamos todo sobre Síndrome de los padres exigentes: Consecuencias para los niños, presta atención que es de lo más interesante para ti y tus hijos.

    Síndrome de los padres exigentes

    Vivimos en una saciedad que cambia constantemente, en la que el tiempo es oro y en la que el sistema de bienestar empieza a tambalearse. Jóvenes preparados y altamente competitivos, listos para defenderse solos en un mudo que bien podemos denominar jungla, un sistema de pensiones que cada vez es más cuestionado y unos niños que crecen a pasos agigantados. Entonces ¿por qué no exigir a los niños para que sean los mejores? Para que obtengan un buen trabajo, ganen mucho dinero y sean personas catalogadas de eficientes y casi perfectas, y para lograrlo hay que empezar desde bien pequeños. Padres con el síndrome de la exigencia que colman a los más pequeños de muchas actividades extra escolares para que aprendan cuanto más mejor, dejando así de lado el ocio al aire libre. Y sin embargo, estos padres dedican tiempo y esfuerzo en criar a sus hijos de la mejor manera posible, o quizás no. El estrés, la ansiedad y las noches sin dormir acechan a niños de tan solo 4 años que tienen una agenda tan apretada como uno de 18. Veamos más de cerca los errores que comenten los padres demasiado exigentes.

    Errores de los padres muy exigentes

    La sobre exigencia

    Pensar que unas pautas autoritarias y una exigencia como norma básica, es la base para lograr niños altamente eficientes, es el error más común de muchos padres. Presionar, cuestionar e imponer normas y metas demasiado altas para una corta edad, hace el efecto contrario, llegando así a frustrar a los niños.

    El perfeccionismo

    Los padres exigentes tienden a ser también los más perfeccionistas; no toleran los errores ni las equivocaciones, algo inevitable en los seres humanos y sobretodo en los más pequeños. Dejar que cometan sus propios errores y que aprendan de ellos es vital para que sepan aprender a confiar en ellos mismos.

    Las expectativas

    Si los padres exigen de más a los hijos, lo más normal será que éstos intenten hacerlo lo mejor posible para no defraudar a sus padres. Lo que lleva, en la mayoría de los casos, a una comunicación rota en la que los hijos no se atreven a expresarse libremente por miedo a defraudar a sus progenitores.

    Relaciones sociales

    Los padres con el síndrome de la exigencia, se centran en el plano académico dejando de la lado las relaciones personales y sociales que tan importantes son. Los niños no tienen espacio para aprender a comunicarse con los demás, a mostrar y gestionar sus emociones y a saber que esperar de los otros.

    El afecto

    Si un niño se siente frustrado, o nota que no agrada a sus padres porque comente errores, o no alcanza las metas que éstos les han puesto, lo llevaran a un plano afectivo y sentirán que nos queridos del todo. El amor incondicional, el que prevalece por encima de todo y ante todo, se ve supeditado al trabajo y al esfuerzo para lograr unos objetivos marcados a un alto nivel.

    Consecuencias para los niños

    ¿Y qué podemos deducir de todo lo anterior? Pues que si un niño se siente en exceso presionado, buscará ante todo, complacer a sus padres, apartando la felicidad y las emociones. La ansiedad, los temores, las inseguridades y el fracaso de futuras relaciones, son las principales consecuencias que conlleva el síndrome de los padres exigentes. Pero no solo esas, se pierde la base de que cuenta la habilidad y no el resultado final, de que lo primordial es buscar la felicidad y no el destacar por encima de todos, de que vale más el tiempo en familia, los momentos de ocio y las relaciones basadas en el amor y en la confianza y el respeto mutuo.

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