Novelas Stalag: Qué eran y por qué las prohibieron

Novelas Stalag: Qué eran y por qué las prohibieron

Fantasías de cuero, látigo y tacones altos en la situación más inverosímil posible. Esta historia te va a sorprender.

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    Novelas Stalag: Qué eran y por qué las prohibieron

    Hay momentos en la historia que pueden marcar generaciones enteras durante años, como el caso que nos ocupa: el holocausto judío a mano de los nazis alemanes durante la segunda guerra mundial. La naturaleza del ser humano es tan extraña como fascinante y a veces da lugar a situaciones en las que convertir todo ese dolor en uno de los fetiches sexuales más bizarros de la historia, es posible.

    Hablamos de las novelas Stalag, historietas de corte pornográfico duro que se ambientaban en campos de concentración gobernados por mujeres nazis de pechos enormes, escote hasta la cintura y tacón de aguja, las cuales, por extraño que parezca hoy en día, causaron sensación entre los hijos de las mismas personas que sufrieron las torturas y abominaciones reales. Si quieres saber por qué, qué eran realmente las novelas Stalag y por qué las prohibieron, no te pierdas esta morbosa historia.

    Durante los años 60 en Israel, con el horror del holocausto todavía cercano pero comenzando a disiparse, empieza a crecer entre los primeros descendientes de aquellos que pasaron por los campos una gran fascinación por todo lo referente al nazismo y a lo realmente acontecido en esos lugares. Decir que la sociedad israelita de la época era cerrada y puritana sería quedarse corto. Los tabúes y la censura lo invadían todo, y la mayoría de personas vivían con miedo a rememorar estas atrocidades. Pero la juventud que no había visto todo esto de primera mano quería saber, y sentía una gran atracción por lo prohibido.

    Durante toda su vida habían escuchado historias pero era poco lo que se contaba y mucho lo que se callaba. Así que tenemos ocultación de la verdad, prohibición y fervor hormonal adolescente, tres ingredientes perfectos para que el factor morbo se disparara. La imaginación hizo el resto.

    Surgieron las novelas Stalag. Los kioskos de las grandes ciudades de repente contaban en sus exponedores con pequeños libretos de portadas en las que se podían ver mujeres en actitud dominatrix, como si de una fantasía moderna se tratara, con una alta carga sexual vejando a prisioneros judíos durante la segunda guerra mundial. Stalag era el nombre que se le daban a los campos nazis para prisioneros de guerra, y fue el nombre que adopto esta escabrosa corriente literaria.

    Las historias incurrían en la fantasía de que quienes controlaban estos campos eran todas mujeres arias, altas y guapas, con uniformes nazis pequeños y muy ajustados, que abusaban sexualmente de forma brutal de los prisioneros. Estas novelas, que solían estar relatadas en primera persona para darles un falso realismo, relataban violaciones crueles y torturas sexuales mientras las desquiciadas guardianas disfrutaban a lo grande hasta que, de alguna manera, el prisionero se liberaba devolviéndoles el daño producido mediante escenas de porno durísimo hasta que completaba su venganza acabando con ellas.

    Fueron un bombazo, el consumo de esta literatura ascendió hasta niveles que nadie podría haber imaginado. Había nacido la pornografía de dominación moderna y en el ambiente más escabroso posible. Cada semana miles de jóvenes israelitas esperaban con ansias su nueva ración de cuero, látigo, humillación y justicia poética. Pero como era de esperar no duró mucho. A los pocos años durante su pico de popularidad las novelas Stalag no solo se prohibieron por el estado, si no que se secuestraron y destruyeron prácticamente la totalidad de sus ejemplares. Se habían convertido en algo tan extendido que llegó a oídos de la élite política. Los editores fueron acusados de distribuir pornografía y algunos hasta fueron encarcelados poniendo fin a esta intensa pero breve etapa. Hoy en día solo pueden encontrarse algunos censurados en la biblioteca nacional o acudiendo a casa de algún coleccionista privado.

    Lo bizarro del caso y la imposibilidad de comprobarlo con nuestros propios ojos han vuelto a poner actualmente en boga este fenómeno cuya fascinación crece día a día. Y luego existe gente que pone el grito en el cielo por 50 sombras de Grey, la sexualidad humana es fascinante.

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