Navidad 2016

10 aditivos alimentarios a tener en cuenta

10 aditivos alimentarios a tener en cuenta

10 aditivos alimentarios a tener en cuenta. No siempre les prestamos la debida atención, pero conviene que, a partir de ahora, te fijes en las etiquetas de los alimentos. Te contamos por qué y cómo descubrir los aditivos menos saludables.

por en Alimentación, Prevención, Salud de Mujer, Consejos Salud
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    10 aditivos alimentarios a tener en cuenta

    No les prestamos la debida atención, ya que la mayoría de los aditivos alimentarios no tienen efectos secundarios en la salud. Sin embargo, cuando se trata de aditivos artificiales sí conviene tener un poco de precaución. Vamos a ver qué son realmente y qué aditivos y aspectos de la seguridad alimentaria hay que tener en cuenta.


    Los aditivos alimentarios suelen ser sustancias naturales que se utilizan para mejorar el sabor de un alimento y que no afectan a nuestro bienestar. Sin embargo, en otros casos, se trata de aditivos artificiales a los que, por diferentes razones y como veremos a continuación, sí conviene prestar más atención. Solo la legislación europea admite el uso de más de 300 aditivos.


    Los aditivos alimentarios se pueden definir como aquellas sustancias que se añaden a los alimentos para mejorar o ampliar sus características y calidad. Por ley, se deben incluir expresamente, y si es posible en letras grandes y con su símbolo correspondiente, en la etiqueta de los alimentos que las contiene. Para evitar sorpresas desagradables es importante leer siempre la etiqueta y buscar la presencia de aditivos, naturales o artificiales, antes de comprar un alimento. El símbolo está representado por una letra E seguida de un dígito. Vamos a ver cuáles son los 10 aditivos alimentarios más utilizados y qué se esconde detrás de la letra E de los alimentos.


    Los aditivos alimentarios que se identifican con las letras E100 a E199 son los colorantes, naturales o artificiales. No todos son de confianza, y en este sentido podemos apuntar algunos ejemplos. Así, el E122 es el denominado Azorrubina, utilizado para dar un color rojizo. En algunos países europeos, como Noruega, Suecia y Austria, está prohibido ya que los consumidores creen que constituye una sustancia peligrosa para la salud, especialmente en el caso de personas que padecen asma y que son intolerantes a determinados medicamentos (aspirina, antiinflamatorios…).

    El E127 es la eritrosina, que normalmente se encuentra en los dulces, helados y frutas en conserva. Administrado en dosis altas se considera que puede incrementar los riesgos de padecer cáncer de tiroides. El E131 aporta un color azul oscuro. Puede dar lugar a la aparición de alergias, picor en la piel, náuseas e hipotensión. En los casos más severos puede provocar shock anafiláctico.


    Del E200 al E299. Son los conservantes, sustancias que se añaden al alimento para contrarrestar su deterioro y la acción de las bacterias y el moho. Entre ellos, conviene prestar atención a dos, el nitrito y el nitrato (E249 y E250), que en altas concentraciones puede tener un efecto cancerígeno peligroso. El benzoato de potasio, indicado con la abreviatura E212, si se combina con vitamina C puede dar lugar al benceno, un cancerígeno. El formaldehido (E240) también genera muchas dudas, pese a su uso, ya que algunos estudios han constatado que, administrado a roedores, puede aumentar los riesgos cancerígenos, así como interferir en la relación entre el ADN y las proteínas.


    Los antioxidantes se utilizan para evitar los efectos de la oxidación de los alimentos, causados por la luz y el aire. Están representados por las letras E300 a E 322. El ascorbatos (de E300 a E303), administrado en dosis altas, puede causar diarreas, cálculos renales y aparición de caries. Se encuentra sobre todo en la carne enlatada, en los embutidos, pescados en conservas, mermeladas, jugos de frutas, dulces y cerveza. Especial atención también al tocoferol (E307, E308, E309), presente en la margarina, mantequilla y mahonesa. En dosis altas puede causar la aparición de manchas en la piel y problemas en los riñones.



    E621 es un acrónimo para recordar y, si es posible, evitarlo, ya que el glutamato monosódico, un potenciador del sabor presente en ciertos alimentos, puede ser potencialmente perjudicial para la salud. Puede causar reacciones alérgicas y provocar el denominado síndrome del restaurante chino. La cocina asiática, por ejemplo, utiliza mucho este ingrediente, y se puede encontrar entre otros en alimentos envasados. Los síntomas más comunes son dolor de cabeza y sensación de debilidad.


    Entre los aliados menos recomendables de los alimentos están los polifosfatos, sustancias que se utilizan por su capacidad para retener el agua en los alimentos. Generan preocupación porque se ha constatado que su uso puede interferir en la absorción de ciertos minerales, especialmente el calcio. El alto consumo de estos aditivos (E450, E451 y E452) pueden interferir en el proceso de calcificación de los huesos.


    Los sulfitos (E220 a E228) son sustancias que también pueden ser peligrosas para la salud. Administrada en altas dosis pueden causar dolor de cabeza, reacciones alérgicas y problemas respiratorios. Se encuentran sobre todo en el vino, y en aquellos procesos de fermentación alcohólica. La sensibilidad o intolerancia a esta sustancia varía en función de las personas, y por lo tanto no se sabe cuál es el umbral mínimo que puede desencadenar una reacción alérgica.


    Entre los edulcorantes es uno de los más populares, pero también uno de los menos fiables. Se trata del aspartamo (E951) que, según los últimos estudios científicos, puede tener efectos cancerígenos. Se puede definir como un edulcorante que se utiliza en muchos productos, como las bebidas, la goma de mascar, productos lácteos, productos de confitería y suplementos dietéticos. Tiene un poder edulcorante muy alto y proporciona pocas calorías. La dosis aceptable y admisible por persona es de 40 mg por día.


    E325-E385. Estos símbolos indican la corrección de la acidez. En este caso conviene evitar los derivados del ácido fosfórico (E338-E343), ya que pueden intervenir en el metabolismo del calcio. El E380 debería eliminarse completamente, ya que aún no se han aclarado sus efectos y el nivel de riesgo de toxicidad para el organismo.


    E400-E495: son los emulsionantes y espesantes, sustancias que se utilizan para dar mayor consistencia a los alimentos. Hay que prestar especial atención al E407, que se encuentra en los helados, postres, dulces, mayonesa, conservas de carne y fruta confitada. Los expertos aseguran que esta controvertida sustancia podría tener efectos cancerígenos. En dosis muy altas puede causar también colitis ulcerosa. El E414 se encuentra en productos de panadería, salsas y cremas, y en personas susceptibles puede dar lugar a aparición de asma y de rinitis.


    La tartrazina, E102, es una sustancia de la que conviene mantenerse al margen a la hora de elegir los alimentos y llenar la cesta de la compra. La tartrazina es un compuesto sintético, responsable de muchas patologías, como el asma, la rinitis o la migraña. También se considera que aumenta el riesgo de padecer cáncer.

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