Navidad 2016

Alcachofas de Jerusalén: Propiedades benéficas

Alcachofas de Jerusalén: Propiedades benéficas

Su nombre puede confundirnos, y es que las alcachofas de Jerusalén tienen poco que ver con las clásicas alcachofas, salvo un cierto parecido en su sabor. Descubre cuáles son sus propiedades y beneficios si las sumas a la dieta.

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    Alcachofas de Jerusalén: Propiedades benéficas

    Las alcachofas de Jerusalén (Helianthus tuberosus) son un tubérculo comestible, originario de América del Norte, y también conocido como tupinambo, castaña de tierra o batata de caña. De forma alargada, su tonalidad varía entre el blanco, el burdeos y el marrón. Llegó a Europa en el siglo XVII, y durante tiempo fue un alimento muy consumido, hasta que la patata le relegó a un segundo plano. Sin embargo, este particular alimento esconde muchas propiedades. Así, entre otras, es un alimento especialmente diurético por su elevado contenido en agua (casi el 80%). En menor medida, contiene carbohidratos, fibra, vitaminas y minerales.

    Esta planta florece a finales del verano y se caracteriza por un tallo verde y flores de color amarillo dorado. Hay dos variedades de alcachofa de Jerusalén, el blanco roto y el burdeos, que podemos encontrar en el mercado a finales de verano y en otoño-invierno. Además de su contenido en agua, como hemos señalado, reporta proteínas, azúcares, fibra, aminoácidos, vitaminas A y B, potasio, hierro y magnesio.

    La alcachofa de Jerusalén, al igual que las alcachofas tradicionales, está especialmente recomendada en las dietas bajas en calorías. Además, ayuda a limpiar los intestinos (muy útil en casos de estreñimiento) y aporta una mayor sensación de sacedad. Este alimento también ayuda a reducir la absorción de azúcar, triglicéridos y colesterol, y cuida la salud de los ojos. Está considerada como un tónico natural en casos de fatiga física, anemia o estrés.

    Es un alimento bien tolerado por el cuerpo, en especial por el hígado.

    Otros beneficios a resaltar es que favorecen la digestión y ayudan a equilibrar la flora intestinal, siendo especialmente adecuado para aquellos que sufren de trastornos intestinales. Su efecto diurético convierte a la alcachofa de Jerusalén es un aliado ideal contra la celulitis y los problemas de retención de líquidos. Por último, la alcachofa de Jerusalén se puede tomar en el embarazo e incluso después del parto, ya favorece porque la producción de leche durante la lactancia.

    La alcachofa de Jerusalén debe estar dura, sin abolladuras, y se debe conservar en un lugar fresco y seco, evitando el contacto con el aire. Tiene una pulpa carnosa y blanca, y un sabor muy agradable y delicado al paladar, siendo similar al sabor de las clásicas alcachofas.

    En la cocina, es una alimento muy versátil, ya que se puede consumir cruda para no perder ninguna de sus propiedades nutricionales, en rodajas, en ensaladas, rallada o simplemente condimentada con aceite de oliva virgen extra o limón. También es ideal para preparar en el horno, hervida e, incluso, en puré. En cualquier caso, es importante no excederse con las cantidades diarias para evitar que el cuerpo sea incapaz de absorber la inulina presente en este alimento. El consumo excesivo de este vegetal, de hecho, puede provocar diarrea, dolor abdominal, gases y distensión intestinal. La dosis diaria recomendada para un adulto es de 200 gramos, lo que corresponde a una alcachofa de tamaño mediano.

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