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Anorexia y obesidad: ¿Qué tienen en común?

Anorexia y obesidad: ¿Qué tienen en común?

Anorexia y obesidad: ¿Qué tienen en común? Pueden parecer polos opuestos, distantes, pero tienen mucho más en común de lo que pensamos. La respuesta a lo que une a estas dos patologías la encontramos en la alimentación y, en concreto, en la relación con la comida.

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    anorexia y obesidad

    Anorexia y obesidad: ¿Qué tienen en común? La anorexia nerviosa y la obesidad pueden parecer polos opuestos, pero resulta que tienen algo en común. La respuesta está una vez más en la alimentación, en concreto en la relación con la comida, ya que en ambos casos se compartirían fenotipos neurocognitivos y factores de riesgo. Dicho en otras palabras, los circuitos de las neuronas y las vías de recompensa asociadas directamente a la comida.


    Pueden parecer distantes y diferentes, pero la anorexia nerviosa y la obesidad también pueden ser las dos caras de una misma moneda, la de la alimentación y, en concreto, cómos nos alimentamos y qué comemos. Una relación entre la anorexia y la obesidad en la que han indagado desde el Instituto de Investigación Biomédica en Red- Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición, en colaboración con el Instituto de Investigación de Bellvitge y la Universidad de Barcelona. Tantos los trastornos de alimentación como los problemas de obesidad comparten episodios de comer en exceso alimentos irresistibles y menos saludables, generalmente relacionados con emociones y sentimientos negativos y/o restricción dietética. En otras palabras, se puede hablar de un perfil común en una situación extrema de peso, como anorexia u obesidad severa, que impide controlar de manera correcta la conducta alimentaria.

    Un perfil en el que ambas patologías también presentan otros factores comunes, como las dificultades para tomar decisiones con la comida o los problemas de autocontrol (impulsividad o el control severo, como sucede en el caso de los pacientes diagnosticados de anorexia). Patrones de conducta que, si se mantienen en el tiempo, pueden derivar en serios trastornos alimentarios.


    Comer por la noche, darse atracones, comer por estrés son, al igual que la anorexia, la bulimia o la obesidad, trastornos de alimentación.


    La obsesión por no ganar peso, la alteración de la percepción de nuestra silueta o cuerpo, la insatisfacción corporal, los sentimientos de culpabilidad, baja autoestima o la negación de los riesgos que conlleva el comer de manera desequilibrada son dos de las características del perfil de los pacientes diagnosticados de anorexia nerviosa. Un trastorno que, según datos de prevalencia, afecta más a las mujeres, siendo la franja entre los 13 y los 18 la de mayor vulnerabilidad. De hecho, uno de los síntomas de la anorexia en la mujer, es la pérdida de la menstruación.

    Un desorden en la alimentación o una dieta desequilibrada es la principal causa de la obesidad, la cual se caracteriza por un aumento de peso por encima de nuestro Índice de Masa Corporal (IMC). Curiosamente, la preocupación por la anorexia ha crecido en la misma medida que por la obesidad, cuya prevalencia no solo sigue en aumento sino que cada vez es más frecuente en niños y adolescentes.

    La alimentación es una premisa fundamental para garantizar nuestra salud. Aprender a comer y a seguir unos hábitos saludables es la mejor inversión. Un escudo protector tanto de la salud física como emocional, la cual como hemos visto tiene mucho que ver en los trastornos de alimentación. Lógicamente, cuando la relación con la comida supone un problema hay que ponerse en manos de los especialistas en salud.

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