Navidad 2016

Artrosis: Cómo mejorar la calidad de vida

Artrosis: Cómo mejorar la calidad de vida

Artrosis: Cómo mejorar la calidad de vida. La artrosis es una degeneración crónica producida por el desgaste del cartílago del hueso, en la que no solo influye la edad, y los efectos propios del envejecimiento, también otros factores como la obesidad, el sobrepeso o el realizar ejercicios intensos, movimientos repetitivos y que exigen un gran esfuerzo (deportes de contacto, determinadas prácticas profesionales). Su prevención y tratamiento pasa por mitigar uno de sus principales síntomas, el dolor.

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    Artrosis: Cómo mejorar la calidad de vida. Se calcula, según los datos médicos, que estamos ante un trastorno que afecta a unos siete millones de personas en nuestro país, lo que la convierte en uno de los problemas articulares más frecuentes. La artrosis es una enfermedad degenerativa articular, la cual se produce por el desgaste de los cartílagos. Una alteración que no solo produce dolor, sino que también puede mermar nuestra capacidad para desarrollar las actividades del día a día.


    Un trastorno progresivo y crónico, pero cuyos síntomas se pueden combatir e, incluso, se puede retrasar la evolución de la artrosis, la cual afecta sobre todo a zonas como la columna, las manos, el dedo pulgar, las rodillas y la cadera. Las mujeres somos más propensas a padecer artrosis, duplicando en algunos casos la prevalencia, sobre todo cuando hablamos de la artrosis de manos, del dedo pulgar o de rodilla (en este caso, en la aparición de la artrosis podría influir el peso del embarazo o incluso el uso de zapatos inadecuados).

    Las lesiones articulares, o algunas enfermedades como la gota, también pueden hacernos más vulnerables a padecer artrosis.

    A medida que envejecemos, los riesgos de padecer artrosis también aumentan. De hecho, se calcula que el riesgo de padecer algún síntoma de artrosis se eleva hasta el 80% a partir de los 55 años. Esto es debido al propio desgaste del cartílago. Pero hay otras causas que también provocar la aparición de la artrosis, como la herencia genética (sobre todo en el caso de la artrosis de las manos), el sobrepeso y la obesidad o el realizar esfuerzos físicos, repetitivos e intensos. En este caso, determinas prácticas deportivas (como el deporte de contacto) o el practicarlo, por ejemplo, con un calzado inadecuado, pueden aumentar los riesgos al sobrecargar las articulaciones. Algunas profesiones, por la repetición de movimientos, también pueden constituir un riesgo de sufrir artrosis (por ejemplo, trabajar demasiado tiempo con los teclados del ordenador).

    La artrosis también puede deberse a una anormalidad en las células del cartílago, como el colágeno.


    El síntoma más característico de la artrosis es el dolor. Los síntomas suelen aparecer de manera progresiva, asociados en un primer momento al esfuerzo o al movimiento al que sometemos a la articulación afectada. En un primer estadio, el reposo sí nos ayudará a calmar los dolores de la artrosis.

    Sin embargo, a medida que avanza la enfermedad, los brotes agudos de dolor serán cada vez más frecuentes.

    Otros de los síntomas son las contracturas musculares y la rigidez de las articulaciones.


    Entre las medidas para mejorar la calidad de vida de los pacientes y prevenir su desarrollo, destaca la importancia de seguir una dieta sana y equilibrada, así como realizar ejercicio físico de manera moderada. Una dieta equilibrada nos ayudará además a prevenir los problemas de sobrepeso o de obesidad, uno de los trastornos que más ocupa y preocupa a los médicos y cuya incidencia es cada vez mayor.

    Una vez diagnosticada la artrosis, debemos evitar aquellos movimientos o esfuerzos que agraven los síntomas. Esto no quiere decir que no debamos utilizar o inmovilizar aquellas zonas afectadas, ya que es conveniente practicar algún tipo de ejercicio específico que nos ayude a fortalecer los músculos (un ejercicio suave) para evitar la flacidez de la articulación. También nos podemos ayudar de un bastón o muleta para limnitar el esfuerzo, por ejemplo a la hora de caminar, evitando el dolor y la degeneración de la artrosis.


    Además del tratamiento farmacológico (antiinflamatorios y analgésicos) para aliviar el dolor y la rigidez de las articulaciones, el avance en el diagnóstico y el conocimiento de las causas también está permitiendo dar pasos importantes. Así, entre los fármacos más novedosos podemos citar los condoprotectores para frenar la pérdida del cartílago. Se trata de fármacos de acción lenta, cuya función no solo es disminuir los dolores, sino también mejorar la movilidad. Entre los fármacos de este tipo podemos encontrar el sufalto de glucosamina (ayuda a ralentizar la progresión de la artrosis), el condroitín sulfato o el ácido hialurónico (para lubricar las articulaciones y que se aplica, a diferencia de otros, mediante infiltración en la zona afectada).

    La fisioterapia y el tratamiento basado en la aplicación de calor en la zona afectada permite reducir la intensidad de los síntomas. Incluso una ducha con chorro a presión de agua caliente puede ser muy beneficiosa para mitigar los dolores.

    Cuando la enfermedad está muy avanzada, casos como la artrosis de cadera, en algunos casos se puede recurrir a la intervención quirúrgica, la cual lógicamente no está exenta de riesgos (desprendimiento de cadera, infecciones).

    También podemos optar por un tratamiento complementario, como los masajes terapéuticos, los cuales nos ayudarán a liberar tensiones, a reducir el dolor y a mejorar la funcionalidad. Todo ello conlleva un beneficio añadido, el ser menos dependientes de los fármacos para mitigar el dolor.

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