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Depresión endógena: ¿Se cura?

Depresión endógena: ¿Se cura?

Depresión endógena: ¿Se cura? Se estima que un 15% de la población padece depresión, un trastorno que afecta el doble a las mujeres que los hombres. La depresión endógena, con un fondo biológico y hereditario, se cura en el 90% de los casos. Pero, ¿cómo reconocer los síntomas y afrontarla?

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    Depresión endógena: ¿Se cura?

    Depresión endógena: ¿Se cura? Se calcula que el 15% de la población sufre depresión, la enfermedad de la melancolía o la tristeza. Se estima además que las mujeres tienen el doble de probabilidades de sufrir depresión, sobre todo relacionada con los cambios biológicos, incluido el síndrome premenstrual que no solo puede llegar acompañado de molestias físicas, también psíquicos como el llanto, la tristeza o la hierpsensibilidad. En el 90% de los casos, la depresión endógena se cura.


    La depresión aparece cuando la tristeza se convierte en enfermedad y esto nos incapacita para pensar en nosotros en un futuro. El estrés, el estilo de vida, las desilusiones o el desamor pueden desembocar en un estado de tristeza o melancolía permanente. La depresión puede ser endógena o exógena. La primera es una depresión biológica, con un fondo hereditario y sin que haya motivo aparente que la provoque. Por su parte, la depresión exógena aparece tras un acontecimiento existencial duro. Hombres y mujeres, al igual que en otros aspectos de la salud, sufrimos depresión por motivos difentes. Las mujeres son más sensibles a las frustraciones afectivas y las relacionadas con los hijos, mientras que los hombres lo son a los fracasos profesionales y económicos.

    Aunque es cierto que el estrés, el agotamiento físico y el exceso de responsabilidades pueden ser factores de riesgo tanto a nivel físico como mental, no es lo menos el llevar una vida demasiado monótona y ausente de novedades. La melancolía puede aparecer y convertirse en tristeza permanente o depresión. Por otra parte, contrariamente a lo que se piensa, la depresión, aunque tiene un fondo genético, no tiene por qué heredarse. De hecho, las probabilidades estarían entre un 25 y un 40%.

    Otra tipología diferencia las depresiones entre estacionales, con una mayor prevalencia en primavera y afecta sobre todo a las depresiones endógenas; las que aparecen en torno a la mitad de la vida y, en el caso de la mujeres, las relacionadas con los cambios biológicos, el periodo de embarazo y postparto (suele aparecer a las dos semanas del parto) o la menopausia, entre otros.


    Las depresiones endógenas requieren tratamiento con medicamentos y se curan aproximadamente en el 90% de los casos. Por su parte, las exógenas requieren psicoterapia (sesiones para estudiar y adoptar normas de comportamiento beneficiosas para la mejora del paciente depresivo) y algo de medicación. En ningún caso es aconsejable tomar antidepresivos sin prescripción médica o automedicarse para combatir el insomnio, uno de los síntomas más comunes de la depresión. Si estas siguiendo un tratamiento que incluya antidepresivos o ansiolíticos no debes tomar alcohol, porque disminuyen y bloquean su acción, además de producir efectos nocivos como embotamiento mental. La dosis de la medicación, sobre todo en el caso de ansiolíticos y fármacos para dormir, debe estar moderada por el médico. Además no es aconsejable interrumpir el tratamiento de la noche a la mañana.


    Entre los síntomas más comunes, y que pueden ser indicadores de estar entrando en una depresión, está el descenso del estado de ánimo, insomnio, ansiedad y dificultad para disfrutar del presente o planear el futuro. La apatía puede ir acompañada de llontos o un comportamiento apagado y más negativo. Aunque el insomnio, las dificultades para dormnir, el sueño intermitente, con despertar precoz y ansioso, aparece en el 90% de los casos de depresión, también se puede dar el efecto contrario, es decir, la necesidad continua de dormir.


    Es el término con el que los psiquiatras hacen referencia a la depresión que alterna fases depresivas y de profundo decaimiento con fases eufóricas y vitalidad desbordante.

    Aunque no siempre se pueden esquivar los obstáculos y los golpes de la vida, sí se puede mejorar nuestro optimismo y nuestra manera de enfrentarnos a los pequeños contratiempos, errores y dificultades del día a día y que pueden minar nuestro estado de ánimo. En lugar de desanimarnos, debemos encauzar estas situaciones y aprovecharlas como experiencia.

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