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Distimia: el problema de las mujeres demasiado exigentes

Distimia: el problema de las mujeres demasiado exigentes

La tristeza, la autoexigencia y la incapacidad para disfrutar de las cosas pueden ser malas compañeras de viaje, sobre todo en el caso de las mujeres.

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    Distimia: el problema de las mujeres demasiado exigentes

    La distimia, término que procede del griego y que significa humor alterado, se define en términos psicológicos como una forma leve de depresión. Una alteración del estado de ánimo al que no solo las mujeres somos más vulnerables, sino que la falta de diagnóstico al subestimar los síntomas puede hacer que se prolongue en el tiempo y derivar finalmente en un cuadro depresivo. La distimia, tal y como subrayan los expertos, se caracteriza sobre todo por un estado prolongado de tristeza y melancolía y que, además, va camino de convertirse en uno de los trastornos más comunes de nuestro tiempo.

    Todos tenemos cambios de humor que, en mayor o menor medida, nos afectan. Dicho de otra manera, todos tenemos días mejores y días peores, pero nuestra mente es un mecanismo que se puede ver desajustado cuando, por ejemplo, nos autoimponemos un alto nivel de exigencia y de perfección a la hora de realizar cualquier tarea cotidiana. En el caso de las mujeres, el asumir varios papeles -sobre todo por las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar- puede multiplicar la carga de trabajo, de responsabilidades y, en ocasiones, de exigencia. Esto, aunque no le prestemos la debida atención, puede terminar pasando factura a nuestra salud física y emocional. Hay personas que son más vulnerables a padecer distimia, como las hipersensibles, pesimistas y, en especial, las perfeccionistas, cuyo elevado nivel de exigencia inhabilita su capacidad para disfrutar de las cosas.

    La distimia, al contrario que la depresión, no afecta a las habilidades o la capacidad de trabajo, pero sí impide a quien la padece disfrutar de los logros y sacar el máximo partido a su potencial, ya que el estado continuo de melancolía, apatía o descontento nos roba energía.

    Se considera que una persona padece un trastorno distímico cuando los síntomas persisten durante varios años.

    Al estado de tristeza y melancolía se suma la incapacidad para sentirse satisfecho y disfrutar de las cosas que dan sentido a nuestra vida. La distimia puede afectar a la autoestima y bloquear la toma de decisiones, tendiendo al pesimismo. La persona distímica también puede ver mermada su capacidad de concentración o de memoria. Otros síntomas comunes son el cansancio, incluso después de haber dormido, alteraciones de humor e irritabilidad y cambios en el metabolismo. Y es que en este punto hay que señalar que las emociones están directamente relacionadas con nuestro apetito, pudiendo producirse en estos casos dos situaciones: la falta de apetito o los episodios de hambre compulsiva o nerviosa.

    Si padecemos de manera prolongada alguno de estos síntomas, tal y como hemos señalado, no conviene subestimarlos, siendo importante consultar con el médico para contar con un diagnóstico certero.

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