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Espondilitis deformante: ¿Qué es y cómo se detecta?

Espondilitis deformante: ¿Qué es y cómo se detecta?

Espondilitis anquilosante: ¿Qué es y cómo se detecta? Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a las articulaciones de la columna vertebral. Aunque en este caso los hombres son más propensos a padecerla, las mujeres tampoco nos libramos de una patología que, entre sus síntomas, provoca inflamación y rigidez.

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    espondilitis anquilosante

    Espondilitis deformante: ¿Qué es y cómo se detecta? Es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a la columna vertebral y a la articulación sacroilíaca, la cual se sitúa en la parte baja de la espalda. Al principio, los síntomas son leves y, por tanto, llevaderos, pero gradualmente van empeorando. Síntomas como dolor en los muslos y nalgas, inflamación de articulaciones o rigidez de espalda. Aunque suele ser más frecuente entre los hombres, las mujeres tampoco nos libramos de esta patología. Los primeros síntomas pueden aparecer antes de los 30 años.


    La espondilitis deformante también se denomina espondilitis anquilosante y es una patología inflamatoria crónica que afecta a las articulaciones de la columna vertebral y la articulación sacroilíaca. Una inflamación que produce dolor y rigidez y que, en el caso de la columna y como resultado de la evolución de la enfermedad, puede provocar la fusión de las vértebras y la pérdida de la movilidad. La espondilitis también está considerada por los médicos y especialistas como una patología reumática sistémica, por lo que la causa de la inflamación se puede extender a otras articulaciones y órganos, como los ojos (inflamación del iris), el corazón (disminución de la frecuencia cardiaca anormal), los riñones (insuficiencia renal) o los pulmones. La espondilitis provoca la curvatura de la columna vertebral y limita la capacidad para respirar.

    La predisposición genética es una de las causas que pueden provocar esta patología, la cual sigue siendo una desconocida en muchos aspectos. Los síntomas de la fase inicial más comunes son el dolor en las nalgas y los muslos, sobre todo durante la noche; la rigidez de las vértebras lumbrales y la inflamación de otras articulaciones, generalmente las extremidades inferiores.

    La enfermedad evoluciona en forma de brotes.


    Los pacientes diagnosticados de inflamación crónica de la columna pueden padecer una fusión total de los huesos entre las vértebras (anquilosis), lo que provoca la pérdida de movilidad. Además, las vertebras fusionadas son más propensas a fracturarse, sobre todo las vértebras de la zona cervical. El grado de anquilosis vendrá determinado por la intensidad y duración de los episodios de inflamación.

    La espondilitis, por otra parte, también puede provocar inflamación y fibrosis (cicatrices) en los pulmones, provocando tos y problemas respiratorios que pueden agravarse con el sobreesfuerzo y las infecciones. Las personas con espondilitis anquilosante también pueden desarrollar artritis en articulaciones diferentes a la columna vertebral (se manifiesta con dolor, rigidez, inflamación de las caderas, rodillas o tobillos).

    No existe un tratamiento específico para esta patología, sino una combinación de fármacos para reducir los síntomas de la inflamación y actuar sobre el sistema inmune. Además del tratamiento farmacológico, la práctica de ejercicio de rehabilitación y relajación puede ayudar a las articulaciones a mantener su función y mejorar la capacidad pulmonar del paciente. En el caso de que los síntomas sean leves, bastará con realizar una serie de ejercicios durante unos minutos al día. También es bueno en estos casos iniciales practicar natación.

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