Navidad 2016

Estrés: ¿Reduce el cerebro?

Estrés: ¿Reduce el cerebro?

Estrés: ¿Reduce el cerebro? La respuesta, tal y como han constatado los investigadores, es que tanto el estrés crónico como la depresión pueden reducir el volumen de nuestro cerebro, provocado una alteración de la función emocional y cognitiva. Un estudio que abre la puerta a seguir avanzando no solo en el estudio de nuestro cerebro, sino en los tratamientos y terapias antidepresivas.

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    Estrés: ¿Reduce el cerebro? La respuesta, sorprendente, es que sí, tanto el estrés como la depresión pueden afectar al tamaño de nuestro cerebro, una pérdida de volumen que, como han constatado los investigadores en un estudio que acaba de ver la luz, se debe a la pérdida de las conexiones cerebrales. Una alteración de nuestro cerebro que podría traducirse a su vez en una pérdida de la capacidad emocional y cognitiva. No es la primera vez, ni será la última, que el estrés centra la atención de los investigadores, aportando un argumento más para tratar de evitar y combatir la ansiedad y la depresión.


    El estrés crónico y la depresión pueden reducir el tamaño del cerebro, en concreto provocar una pérdida de masa en la corteza prefrontal. Es la principal conclusión extraída del reciente estudio llevado a cabo por los investigadores, bajo la coordinación de Yale y publicado en la revista Nature Medicine. De hecho, la hipótesis de partida era que tanto el estrés como la ansiedad o la depresión pueden provocar la pérdida de sinapsis en nuestro cerebro. Una hipótesis que se ha traducido en que el denominado interruptor genético (factor de transcripción) puede bloquear o reprimir la función de varios de los genes que están implicados en las conexiones sinápticas de las células del cerebro. Tal y como explican los autores del estudio, cuando este interruptor genético se activa, lo que sucede es que bloquea otros circuitos involucrados en la emoción y en la cognición.


    Para la realización del estudio se han analizado los tejidos procedentes tanto de donantes diagnosticados de depresión como de aquellos que no lo padecen. Los resultados constataron que aquellos que habían padecido ansiedad o depresión presentaban niveles más bajos de expresión de los genes involucrados en la estructura de las sinapsis cerebrales. De entrada, estos resultados permitirán seguir avanzando en la mejora del tratamiento y de las terapias antidepresivas, al tiempo que ayuda a conocer más el interesante papel de nuestro cerebro.

    No ha sido el único resultado interesante extraído de esta investigación, ya que se ha podido constatar que al menos cinco de los genes estarían regulados por un mismo factor de transcripción, denominado Gata1, lo que abre la puerta a seguir investigando sobre qué papel tiene este factor de transcripción no solo en las conexiones entre las neuronas sino en los propios síntomas de la depresión. Las variaciones genéticas, tal y como se preguntan ahora los investigadores, podrían ayudar en un futuro a determinar y valorar nuestra predisposición o mayor riesgo a padecer estrés, ansiedad o depresión.

    En relación a la depresión, precisamente estos días también se ha publicado otro estudio, realizado en este caso conjuntamente entre la Universidad y el Centro Médico de San Francisco, que constata que estamos ante un trastorno que puede aumentar los riesgos de padecer una enfermedad arterial periférica, caracterizada por un trastorno del sistema circulatorio que reduce el nivel de flujo sanguíneo en las extremidades y que suele venir acompañada de dolores y pérdida de movilidad.

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