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Hematuria: Causas y tratamiento para la sangre en la orina

Hematuria: Causas y tratamiento para la sangre en la orina

Sangre en la orina: ¿Cuándo preocuparse? La presencia de sangre en la orina puede preocupar, pero antes de alarmarnos hay que desvelar las causas, ya que aunque es cierto que en ocasiones puede esconder una patología seria, también puede ser un leve infección -la cual se trata con antibióticos- o un episodio pasajero. Conocer las causas nos ayudará a reconocer los síntomas.

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    Descubrir sangre en la orina puede ser motivo de preocupación, incluso generar pánico al pensar que detrás puede haber alguna patología grave. Sin embargo, aunque no hay que subestimar la hematuria, término médico que indica la presencia de rastros de sangre en la orina, lo primero es conocer la causa. No siempre es un indicador de trastornos específicos, pero si por ejemplo se infravalora o no se trata adecuadamente la infección del tracto urinario, una de las causas más frecuentes de sangre en la orina, sí puede evolucionar y dar lugar a patologías más importantes.


    Realizar un análisis de orina de manera periódica es la forma más sencilla de detectar la hematuria, cuyo rastro no siempre es visible a primera vista. Puede ser Hematuria macroscópica, visible a simple vista, o Hematuria microscópica, prácticamente identificable con un solo análisis de orina. La hematuria microscópica se traduce en la presencia de sangre de tres muestras de orina (en cada uno de ellos deben ser identificadas más de 5 células rojas de la sangre) y, en caso de que no haya presencia de otros elementos patológicos, se considera una dolencia aislada. Por su parte, la hematuria macroscópica desvela siempre una abundante presencia de células rojas en la sangre. Una vez determinado el alcance hay que analizar las posibles causas.


    La sangre en la orina puede estar causada por múltiples factores, entre ellos, una lesión más o menos grave en algún punto del tracto urinario, tales como la glomerulonefritis en las infecciones urinarias, cálculos renales, malformaciones, tumores renales o cáncer de próstata. La hematuria y la vejilla: Puede influir formando pólipos. En otras palabras, la hematuria puede ser síntoma de patologías de distinta gravedad, por lo que es necesario analizar detenidamente los análisis y pruebas realizadas.


    Cuando se diagnostica la hematuria a través de un análisis de orina rutinario, el siguiente paso es averiguar la causa, a través de nuevas pruebas diagnósticas. La ecografía de los riñones y las vías urinarias es esencial para descartar o detectar la presencia de quistes, tumores, enfermedades del riñón y la vejiga.

    Dependiendo del tipo de hematuria, la presencia o ausencia de otros síntomas y los resultados de la ecografía, en la mayoría de los casos se identifica la causa de este problema de salud. Por ejemplo, la hematuria microscópica o macroscópica, con dolor cólico, indica la presencia de cálculos en las vías urinarias. La hematuria microscópica con ardor al orinar o micción frecuente suele ser la respuesta a una infección urinaria.

    El análisis del tipo de glóbulos rojos en la orina puede dar más pistas al médico a la hora de diagnosticar y tratar el problema (la denominada morfología de las células rojas de la sangre). Esta prueba, tal y como explican los expertos, permite ver la formación de estas células. Si se deforman en un 80% de los casos estamos ante una hematuria alta cuya causa suele estar en los riñones (glomerulonefritis, por ejemplo), y si presentan una morfología normal son indicador de hematuria baja proveniente de las vías urinarias inferiores (la vejiga, por ejemplo). En algunos casos no se revelan trastornos asociados e, incluso, puede darse el caso de que los restos de sangre en la orina sean episódicos y desaparezcan sin dar mayores problemas.


    Una vez identificada la causa de la hematuria, las terapias, intervenciones o tratamientos, lógicamente, estarán encaminados a solventar el problema. En el caso de las infecciones (cistitis, uretritis, prostatitis), por lo general, será suficiente con administrar una terapia con antibióticos. Si hay presencia de cálculos hay que eliminarlos, o asegurarse de que se eliminan de forma espontánea. En el caso de un diagnóstico de cáncer, la cirugía es a menudo el tratamiento más común.

    Cuando no se puede hallar la causa evidente que provoca este problema, lo más aconsejable es realizar controles periódicos. Por último, y aunque no menos importante, las infecciones del tracto urinario y la cistitis durante el embarazo deben ser tratados para evitar que las bacterias pueden afectar al feto, por lo que también es recomendable realizar análisis de orina de manera regular durante el embarazo.

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