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Hipertensión: Riesgos de ignorar el diagnóstico

Hipertensión: Riesgos de ignorar el diagnóstico

Hipertensión: Riesgos de ignorar el diagnóstico. La hipertensión arterial, definida por los especialistas como la nueva epidemia silenciosa del siglo XXI, es uno de los principales factores de riesgos de las enfermedades cardiacas y cerebrovasculares. La prevención está en nuestra mano.

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    Hipertensión: Riesgos de ignorar el diagnóstico. La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiacas y cerebrovasculares, como el ictus. Una patología que, según datos de la Sociedad Española de Hipertensión Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial, afecta a cuatro de cada diez personas. Pero el verdadero problema para la salud deriva de no contar con un diagnóstico, ignorar los síntomas que nos alertan de que algo no va bien. Un problema de salud que, en algunos casos, se puede controlar simplemente cambiando los hábitos alimentarios y el estilo de vida.


    Falta de ejercicio físico, alimentación desequilibrada, consumo excesivo de sal, estrés o problemas de obesidad son algunos de los factores que nos hacen más vulnerables a padecer hipertensión arterial (HTA), la patología que los especialistas ya empiezan a denominar la epidemia silenciosa del siglo XXI. Un adjetivo que le viene dado porque la hipertensión arterial, salvo que sea severa, no siempre alerta de su presencia y porque no tratarla puede poner en serio riesgo nuestra salud. La hipertensión, de hecho, es uno de los principales factores de riesgos de patologías cardiacas (insuficiencia cardiaca, infarto, angina de pecho) y cerebrovasculares, como por ejemplo el ictus. La hipertensión también puede estar detrás de un problema de insuficiencia renal o problemas de la vista (afecta a la retina). En algunas ocasiones, la hipertensión puede venir acompañada de dolores de cabeza, nerviosismo, estado de inquietud o hemorragias nasales espontáneas.

    ¿Cuándo hay un problema de hipertensión arterial? Cuando, en términos médicos, nuestra presión arterial presenta valores superiores a los 140 mmHg para la presión sistólica (o máxima) y 90 para la presión diastólica (o mínima). Tensión arterial que, con unos controles periódicos, podemos mantener equilibrados. Y es que estamos ante un problema de salud que está en nuestras manos prevenir, ya que nuestros hábitos y estilo de vida pueden influir notablemente en sus valores. Prevención que pasa por concienciarnos y por conocer los riesgos a los que nos exponemos si descuidamos nuestra tensión arterial.


    Entre los hábitos a cuidar la alimentación juega un papel excepcional. De hecho, en ocasiones, basta con revisar nuestros hábitos dietéticos para mantener controlada la tensión arterial, por ejemplo, apostando en nuestra dieta por los alimentos frescos, por las frutas y las verduras y por un consumo más reducido de grasas y de sal.


    Enseñar a medirnos de manera correcta la presencia arterial. Es lo que hace el Club del Hipertenso que, además, nos explica todo lo relativo a los factores que pueden influir en la tensión arterial en el momento de medirla, desde la temperatura, nuestro estado físico y emocional o la hora del día. Todos estos factores pueden alterar la lectura de la tensión e inducir a error. Un consejo, es importante no tomarse la tensión solo cuando nos encontremos mal. Lo más recomendable es medirse la tensión (si ya contamos con un diagnóstico) una vez a la semana, tres veces por la mañana con un intervalo de entre dos y tres minutos (antes del desayuno y de tomar los medicamentos, entre las 6 y las 9 de la mañana) y otras tres por la tarde (antes de cenar y de tomar los fármacos, entre las 18 y las 21 horas). Si todavía no tenemos un diagnóstico, se debe automedir durante cinco días seguidos.

    Otros consejos a tener en cuenta para la automedida de la presión arterial es hacerlo en un lugar a temperatura ambiente y sin ruidos; evitar medirla después de realizar ejercicio físico o de haber tomado café, bebidas alcohólicas o tabaco. La postura correcta es sentarse, con la espalda apoyada en el respaldo, el brazo inmóvil sobre una mesa, no cruzar las piernas, evitar la ropa que apriete el brazo y permanecer inmóvil durante la medición.

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