Navidad 2016

Hiperuricemia: Cómo prevenir el ácido úrico

Hiperuricemia: Cómo prevenir el ácido úrico

Hiperuricemia: Cómo prevenir el ácido úrico. Revisar nuestra dieta y nuestros hábitos de alimentación es uno de los primeros pasos para el tratamiento y prevención del ácido úrico, cuyos niveles excesivos pueden provocar problemas de articulaciones y la aparición de piedras en la vejiga y riñones. Aunque en muchas ocasiones es asintomático, conviene examinar nuestra alimentación para evitar un consumo excesivo de alimentos ricos en purinas, así como moderar el consumo de bebidas alcohólicas.

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    Hiperuricemia: Cómo prevenir el ácido úrico. En términos médicos, es el el ácido trioxipurina producido por el catabolismo de los ácidos nucleicos. En condiciones normales, se encuentra presente en la orina, pero en niveles demasiado altos puede aparecer en las articulaciones o en forma de cálculos en la vejiga y riñón. El exceso de ácido úrico se denomina hiperuricemia. No solo algunos alimentos pueden aumentar el ácido úrico, también algunos compuestos de los medicamentos pueden hacerlo.


    El ácido úrico lo produce nuestro cuerpo al descomponer o metabolizar las denominadas purinas, presentes en alimentos como las judías, el marisco, las anchoas o el hígado, y en algunas bebidas, como la cerveza o el vino. Algunos fármacos, como los diuréticos, también elevan los niveles. El ácido úrico, en condiciones normales, y tras disolverse en la sangre, será expulsado a través de la orina. Sin embargo, cuando los niveles son elevados, puede provocar trastornos de salud. Un nivel demasiado alto de ácido úrico se denomina hiperuricemia, puerta de entrada a la aparición de piedras en el riñón o vejiga, o problemas de artritis y gota. Los niveles de ácido úrico se determinan en una muestra de sangre. Un nivel alto de ácido úrico provoca una reducción del óxido nítrico, esencial para nuestro organismo por dos motivos principales, ya que actúa sobre el tejido de los vasos sanguíneos y porque favorece la absorción de la glucosa a través de la insulina. En el primer caso, su disminución puede conllevar problemas de hipertensión y, en el segundo, de síndrome metabólico.


    A mayor nivel de ácido úrico, los síntomas no solo serán más frecuentes, también más prolongados. En algunos casos, el ácido úrico es asintomático, es decir, no presenta síntomas.

    En otros, puede provocar una inflamación dolorosa de articulación o problemas al orinar (por la presencia de cálculos renales). De hecho, la gota es una reacción inflamatoria aguda, es decir, una ataque agudo de artritis y que se suele afectar a los pies (en concreto, al dedo pulgar) y a las rodillas. En este caso, pueden aparecer síntomas como jaquecas, urticaria, episodios de fiebre, dolores de articulaciones, enrojecimiento, dolor de cabeza o lumbago.

    La alimentación desequilibrada y los problemas de exceso de peso pueden agravar los síntomas.


    Revisar la dieta y mejorar nuestros hábitos y estilo de vida serán el primer paso. Con una dieta adecuada, en este caso baja en alimentos ricos en purinas (pescados azules, marisco, vísceras, entre otros). En el caso de las legumbres se recomienda incluirlas solo una vez a la semana en el menú. También es aconsejable reducir el consumo de bebidas alcohólicas. El control de la dieta nos ayudará además a reducir peso de manera progresiva.

    También es importante no abusar de las grasas, al tiempo que se deben aumentar los hidratos de carbono. Cereales, patatas, arroz, pastas alimenticias, verduras (salvo las ricas en purinas y que serían, por ejemplo, las espinacas, champiñones y setas, puerros o coliflor), leche y lacteos (poco grasos, mejor), agua e infusiones nos ayudarán a purificar y a liberar toxinas de nuestro cuerpo. Moderar el consumo de azúcares.

    En el capítulo de alimentos permitidos, si te gusta el chocolate o el café, no hay problema de incluirlo en la dieta, porque aunque contienen metilxantinasas, similares a las purinas, éstas no se transforman en ácido úrico.

    En los episodios agudos de artritis, también se recomienda un tratamiento farmacológico, a base fundamentalmente de antiinflamatorios. En todo caso, el tratamiento no termina cuando desaparecen los síntomas. A partir de ahí comienza la fase de prevención para evitar nuevos episodios y controlar el ácido úrico.

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