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Linfoma: ¿Cómo reconocer los síntomas?

Linfoma: ¿Cómo reconocer los síntomas?

Linfoma: ¿Cómo reconocer los síntomas? Según datos médicos, dos de cada tres cánceres hematológicos se curan, de ahí la importancia del diagnóstico y de estar alerta a las señales que nos envía nuestro cuerpo. En este caso, el síntoma más común, sobre todo en adultos, es la inflamación de los ganglios linfáticos o aparición de bultos en cuello, inglés o axilas.

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    Linfoma: ¿Cómo reconocer los síntomas? Estamos ante un tipo de cáncer que afecta al sistema linfático y cuyos síntomas pueden ser múltiples, desde la inflamación, sin dolor, de los ganglios linfáticos de cuello, ingle o axilas, a las dificultades para respirar o una sensación constante de cansancio. Se estima, según datos médicos, que la incidencia del linfoma en nuestro país se sitúa en los tres casos por cada cien mil habitantes. El diagnóstico es fundamental, especialmente para determinar ante qué tipo de linfoma, de los más de 30 identificados, nos encontramos.


    La inflamación de los ganglios linfáticos, sin dolor, suele ser una de sus manifestaciones más frecuentes, aunque no la única, ya que estamos ante un tipo de enfermedad oncológica que puede cursar con múltiples síntomas. Así, entre otros, podemos hablar de pérdida de peso sin causa aparente, dificultades para respirar, tos, dolor torácico, cansancio, sudoración nocturna excesiva o dolor o sensación de hinchazón abdominal.


    El linfoma se puede clasificar, en líneas generales, en dos tipos: Enfermedad de Hodgkin y linfomas no Hodgkin. En este último caso, la causa reside en una proliferación anormal de los glóbulos blancos, en concreto de las células T o B, las células que protegen nuestro sistema inmunitario. El problema es que además estas células se pueden expandir a prácticamente casi todo el resto del cuerpo. Según datos de los especialistas, el linfoma no Hodgkin es el tercer tumor que más ha aumentado, después del melanoma y del cáncer de pulmón.

    Cada año se diagnostican en nuestro país 5.000 nuevos casos de linfoma (350.000 en todo el mundo).

    El diagnóstico precoz es fundamental, sobre todo, como señalan los oncólogos, para determinar con precisión a qué tipo de linfoma nos enfrentamos. En el caso de los linfomas no Hodgkin los especialistas también diferencian entre su rápida o lenta evolución. Así, el tumor de Burkitt se considera de grado alto por la rapidez con la que se propaga el tumor y el linfoma folicular de grado bajo.

    Por su parte el linfoma de Hodgkin en pacientes adultos suele manifestarse con la aparición de bultos en cuello, inglés o axilas. Dos de cada tres cánceres hematológicos se curan, tal y como subrayan los especialistas en oncología.


    Tal y como se señala desde el Colegio de Fisioterapeutas de España, el tratamiento fisioterapéutico puede ayudar a reducir los síntomas y el impacto de los daños causados por esta patología oncológica.

    Un aliado, incluido dentro de las técnicas de fisioterapia oncológica, adaptado a cada paciente y teniendo en cuenta el tratamiento al que está siendo sometido para combatir la enfermedad (quimioterapia, radioterapia). La fisioterapia, entre otros y tal y como explican los especialistas, puede ayudar a combatir síntomas como las alteraciones articulares y funcionales (ejercicios dinámicos y activos); alteraciones musculares (técnicas de relajación, masajes); las dificultades respiratorias y las posturas (ejercicios respiratorios); o en el caso del edema, la técnica a aplicar es aquella que facilite las posturas de retorno linfático y de contención elástica.

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