Navidad 2016

Linfonodos: qué son, cómo reconocerlos y cuándo preocuparse por los ganglios linfáticos

Linfonodos: qué son, cómo reconocerlos y cuándo preocuparse por los ganglios linfáticos

Linfonodos: qué son, cómo reconocerlos y cuándo preocuparse por los ganglios linfáticos. ¿Te has notado los ganglios del cuello o la axila inflamados o más grandes? Aunque en la mayoría de las ocasiones el cambio es inofensivo, en otras puede desvelar algún problema severo de salud.

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    Tocarse el cuello o las axilas y detectar un ganglio inflamado puede generarnos preocupación y ansiedad, sin embargo, en más de una ocasión la aprensión es infundada. ¿Qué son realmente los linfonodos?, ¿cómo reconocerlos y cuándo preocuparse por los ganglios linfáticos? Preguntas a las que daremos respuesta para resolver las dudas.


    Si notamos inflamado o un cambio de tamaño en los ganglios del cuello o de las axilas, por ejemplo, es aconsejable consultar siempre al médico. Es cierto que en muchas ocasiones es totalmente inofensivo y no debemos preocuparnos, pero en otras sí puede resultar sospechoso de algún problema de salud que conviene desvelar. Consultar al médico nos ayudará a resolver todas las dudas. Vamos a ver más detenidamente qué son los linfonodos y cuándo debemos preocuparnos realmente por los ganglios linfáticos.


    Los ganglios linfáticos o glándulas linfáticas son formaciones de tejido linfático. Estos ganglios son muy variables en tamaño, desde uno a 25 mm, por lo que puede parecer complicado encontrarlos al tacto. Sin embargo, percibir los ganglios linfáticos no es en absoluto complicado para una mano experta. La mayoría se localiza en las zonas más accesibles del cuerpo, como la axila, el cuello y la ingle. Los ganglios linfáticos producen linfocitos (forman parte de los glóbulos blancos), siendo capaces de filtrar las partículas extrañas al cuerpo (bacterias, polvo…). Así, se puede decir que forman parte de los órganos cuya función es defender nuestro sistema inmunitario. Esta característica también es compartida, por ejemplo, con las amígdalas y el apéndice.



    En líneas generales, los ganglios linfáticos cuando no se presentan ningún problema no son perceptibles al tacto y es difícil distinguir, con solo tocarlos, las formaciones. Deben haber alcanzado un determinado volumen para reconocerlos, siendo entonces cuando hay que estudiar su forma, consistencia, sensibilidad, movilidad y todo tipo de relaciones con la piel.


    Cuando los ganglios linfáticos se agrandan o aparecen inflamados –la inflamación aguda suele deberse a infecciones bacterianas y virales, como una gripe o un resfriado- es fundamental contar con un diagnóstico, verificado por las pruebas prescritas por el médico (análisis de sangre…). En las infecciones, la inflación de los ganglios linfáticos puede ser dolorosa, especialmente al tacto o a la presión, además de venir acompañada de un enrojecimiento de la piel y una sensación de calor en la zona del ganglio inflamado. Tal y como señalan los expertos, los ganglios linfáticos suelen ser resistentes y duros, si bien, ante una infección aguda (causada por patógenos tales) estas formaciones adquieren una consistencia blanca y la piel se vuelve más roja y brillante.

    Los ganglios linfáticos inflamados pueden ser una señal provocada por otras causas ajenas a las infecciones, como los tumores (malignos y benignos).


    Cuando se produce una metástasis, en los carcinomas por ejemplo, se puede producir una inflamación considerable de los ganglios linfáticos, pudiendo alcanzar incluso el tamaño de un pequeño huevo, mostrándose especialmente duro al ser palpado. En este caso no suele aparecer dolor. Cuando los ganglios linfáticos afectados por metástasis producen dolor es una señal de que las formaciones están cerca de cualquier rama nerviosa.

    Los ganglios linfáticos inflamados pueden estar relacionados con las enfermedades neoplásicas, como la enfermedad de Hodgkin, con el linfosarcoma o con la leucemia linfoide.


    En ocasiones, los ganglios linfáticos pueden aparecer moderadamente inflamados, especialmente en niños y jóvenes, y en ausencia de cualquier patología. Por lo general no superan el tamaño de un guisante y su ligero aumento de tamaño puede estar relacionado con las amígdalas o con un problema recurrente de caries que no ha sido tratado.

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