Navidad 2016

Piel: Protégela de los primeros rayos

Piel: Protégela de los primeros rayos

Piel: Protégela de los primeros rayos. El sol llama a nuestra puerta, pero antes de aceptar la invitación conviene tener en cuenta algunos consejos para que el sol sea un aliado y no un enemigo de nuestra piel, la cual lleva oculta todo el invierno. Los rayos solares primaverales son además más intensos, por lo que su impacto es mayor.

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    Piel: Protégela de los primeros rayos. El sol llama a nuestra puerta, pero antes de abrirla conviene saber si nuestra piel está preparada para recibir de forma saludable los primeros rayos. Proteger nuestra piel, especialmente de los rayos solares primaverales, nos evitará estragos (desde aparición de manchas, arrugas y flacidez hasta problemas más severos) y sobre todo nos permitirá exprimir las virtudes de sol. Efectos saludables como el refuerzo de defensas, aporte vitamínico y de serotonina, responsables de la sensación de bienestar.


    Los primeros rayos de sol que acompañan a la primavera son una invitación para nuestra piel, pero si no adoptamos una serie de consejos básicos los efectos pueden resultar adversos. El sol tiene una doble cara y nuestra piel es consciente de ello. De hecho, sus efectos son acumulativos y los excesos –insolaciones, quemaduras, tomar el sol sin la debida protección- pueden manifestarse hasta 15 años después. De ahí la importancia de protegerla cuando salimos a la calle, y no solo cuando nos tumbamos a tomar el sol de manera intencionada. Por cierto, la cantidad que se debe aplicar de crema protectora solar, según los especialistas en dermatología, es de dos miligramos por cada centímetro cuadrado de piel.

    El sol es vitalidad, nos ayuda a sintetizar la vitamina D, protector de nuestros huesos ante los problemas de osteoporosis, al tiempo que aumenta nuestros niveles de serotonina, responsables de la sensación de bienestar. De igual manera, el sol tiene otra cara, en concreto abusar del sol, ya que está detrás del 80% de las arrugas y flacidez de la piel. No podemos olvidar que el invierno debilita la piel, oculta en los últimos meses. En concreto la capa hidrolípidica, su escudo protector, reduciendo los niveles de melanina. Por otra parte, igual de importante, es recordar que la radicación solar durante la primavera es más intensa y por lo tanto su impacto mayor, por lo que hay que proteger especialmente nuestra piel, sobre todo en el caso de los bebés, niños y personas de piel clara y sensible.



    Además de aplicar los protectores solares adecuados al tipo de piel, para evitar enrojecimientos y quemaduras, la alimentación también juega un papel importante, ya que además de reforzar las defensas nos ayuda a broncearnos. Algunos componentes de los alimentos –especialmente de las frutas y verduras- tienen la virtud de ayudarnos a broncear sin necesidad de tomar el sol. Una alimentación cuya premisa debe ser cuidar la piel, por dentro y por fuera. Así, en nuestra dieta no pueden faltar los alimentos ricos en vitamina C (cítricos, frutos rojos, mango, kiwi, pimiento), en betacarotenos o provitamina A (zanahorias, melocotones, albaricoques, melón, calabaza). Estos últimos no solo nutren la piel sino que son unos potentes antioxidantes.

    Una dieta en la que las proteínas son esenciales, entre otros motivos porque ayudan a sintetizar mejor la melanina, el pigmento que nos aporta la tonalidad morena de la piel. Entre los alimentos ricos en proteínas, pescados, huevos o carne. Y, por supuesto, no olvidar la hidratación. El agua es fundamental para que nuestra piel esté sana y protegida. Cuando aumenta la temperatura y aparecen los primeros rayos solares, es aconsejable aumentar la cantidad de líquidos a ingerir (agua, infusiones, zumos naturales, gazpacho).

    Entre las infusiones, una taza de té verde, apreciado por su contenido en antioxidantes (flavonoides) que ayudan a la piel a protegerse de los efectos del envejecimiento prematuro, una de las causas de tomar los primeros baños de sol sin tener nuestra piel lista y protegida.

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