Al morir irradiamos luz, la ciencia confirma

La vida secreta de las células desvela por qué al morir irradiamos luz, con una intensidad que los científicos comparan con una supernova.

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    Al morir irradiamos luz, la ciencia confirma

    Al morir irradiamos luz, el último suspiro de las células y de la constante luz ultra débil que emiten, y que la ciencia ha bautizado como biofotones. Partículas de luz que almacenan nuestras células y que además de energía constituyen una valiosa fuente de información sobre la salud del organismo.

    La investigación biofotónica apunta además que los biofotones emitidos por las células aumentan antes de morir, alcanzando una intensidad similar a una explosión de estrellas. Y es que la ciencia también admite hipótesis poéticas.

    Las células emiten luz

    celulas luz

    Nuestro organismo tiene la capacidad de absorber y almacenar fotones, las partículas de luz del sol, pero además puede emitir energía (biofotones). Así lo confirmó el biofísico alemán Fritz Albert Popp, continuador de la línea de investigación auspiciada por Alexander Gurwitsch en la primera década del siglo XX, para lograr comprobar que los seres vivos vivos emiten luz. Los fotones tienen una función clave en el funcionamiento y comunicación de las células, emitiendo luz sin altibajos mientras están activas y sanas.

    De hecho, en las investigaciones realizadas por el científico Popp observó que las emisiones de biofotones en la mayoría de los pacientes con cáncer eran excesivamente débiles, una comunicación celular casi nula; mientras que en los pacientes con esclerosis múltiple se producían con excesivo desorden.

    Popp, autor del libro La biología de la luz, considera a los biofotones claves para la detección y tratamiento de numerosas enfermedades, incluidos los procesos cancerosos, gracias a la información que transmiten sobre el estado de salud del organismo. La intensidad de la emisión no solo es un reflejo de vitalidad, sino que podría verse afectada por situaciones de estrés físico o emocional. Las variaciones podrían producirse como defensa para recuperar el equilibrio del sistema.

    La investigación de Popp ha dado un paso más allá al señalar que la radiación biofotónica aumenta de manera exponencial cuando las células mueren, en un proceso similar a una explosión estelar o una supernova. Una pequeña licencia poética para seguir indagando en los secretos de la vida de las células.

    La biofotónica es, sin duda, una de las áreas de investigación más sorprendentes de la ciencia actual, y cuyos estudios plantean nuevos retos para los científicos. La ciencia del siglo XXI promete acercarnos descubrimientos que, en algunos casos, pueden parecernos de ciencia ficción, como crear embriones híbridos entre oveja y humano, pero en otros aportarán respuestas claves sobre los más variados aspectos de la salud.